Monday, October 27, 2008

El miedo a la libertad

Mientras las bolsas del mundo siguen derrumbándose, el fin de semana fue atípico. El sábado jugamos póker con un grupo que juntó Peter, que es abogado dedicado a la industria de la entretención, para lo que nos fuimos al Soho House, un club privado del que Peter se siente muy orgulloso de ser miembro.
Me gusta jugar Texas Hold’em, y no jugamos por plata, sino que por fichas. Lo malo de ese grupo es que la mitad de los participantes no tenían mayor idea de cómo jugar, lo que lo hizo bastante latero. Espero que con el tiempo se haga rutina y vayan mejorando.
Jugar por fichas y sin plata no es opcional. Jugar por plata es ilegal en New York, y en ese caso mis fichas se convierten en un “gambling device” y pueden ser requisadas. Aunque sea en un recinto privado. Eso es en este país supuestamente de grandes libertades. Es curioso, pero el origen religioso de las colonias inglesas en Norteamérica todavía pesa muchísimo en las leyes que restringen fuertemente la libertad para “pecar”. El juego de azar está estrictamente prohibido, de la misma forma que la prostitución, y en muchos estados la venta de alcohol los domingos o la venta de alcohol por privados. En New York no puedes salir de un bar a la calle con un trago en la mano: te multa la policía. Tampoco se puede tomar alcohol en la calle o estar en lugares públicos con un envase de alcohol destapado. Hace años la gente que quería tomar en la calle ponía la botella en una bolsa de papel y tomaba igual, si no se veía el envase no había problema. Ahora ni eso se puede.
El domingo me fui en auto con dos amigos de paseo a Connecticut, a visitar algunos de esos simpáticos pueblitos de New England, con sus casitas antiguas de madera perfectamente pintadas y muchas convertidas en galerías de arte y tiendas o restaurantes para atraer neoyorquinos de fin de semana, como nosotros. Mis amigos, Chris, australiano, y James, americano de Long Island, hace mucho que no salían de la ciudad. De hecho hace un par de semanas fuimos al Brooklyn Museum a ver la muestra de Gilbert&George (muy recomendable), James se sentía incómodo por salir de Manhattan, ¡aunque fuera 40 minutos en taxi dentro de la misma ciudad!.

Fuimos a Kent y Litchfield, pueblitos del noreste del estado, almorzamos en Kent y a la vuelta paramos a comer en Greenwich, en un restaurante Tailandés frente a la estación. Buen curry.

La conversación durante el paseo fue interesante. Política por supuesto. Todos pro-Obama, por lo que poca controversia o desafío en la discusión. El tema que salió fue el gran error de Bush en la forma que reaccionó a los ataques terroristas del 2001, en que en vez de tomar una posición de enfrentar a los terroristas con más libertad y aceptando que la libertad nos expone al terrorismo de unos pocos fanáticos, tomó la posición de que se puede tener seguridad casi absoluta, para lo cuál habría que sacrificar libertades civiles. Y salió el Patriot Act, en un ambiente creado por el liderazgo político que hacía imposible oponerse sin destrozar una carrera política por ser “anti-americano”. Y surgieron esos slogan como “O estás con nosotros o estás con el terrorismo”. Y esta nación libre, poderosa y orgullosa se humilló, recortando libertades civiles y mostrando su miedo a los terroristas, encerrándose en su caparazón, maltratando a los extranjeros y atacando países que nada tenían que ver con el asunto. El gobierno republicano ha cambiado la imagen de la nación del hombre valiente, luchador por la libertad, el del lema “Give me freedom or give me death” por una nación asustada, dispuesta a transar sus libertades por una ilusión de seguridad. Dándole una importancia enorme a cada pequeño acto terrorista, aumentando así la vulnerabilidad del sistema, y haciendo más efectiva la labor del terrorista.
¿No hubiese tenido mas sentido decirle al americano medio que el terrorismo es parte de la vida en libertad? Que se va a hacer lo que se pueda por proteger al pueblo de los terroristas, pero no se va a reducir la libertad, porque eso es justamente lo que los terroristas querían. Que los americanos sintieran miedo y quitaran prioridad a la libertad con tal de tener seguridad. Y lo lograron, porque el gobierno de Bush decidió darles esa victoria haciendo mella en las libertades civiles. En vez de decirle a los atacantes, ¿saben qué? nos defenderemos pero no les tememos, asumiremos el costo de ser libres, y sus ataques no nos afectarán, será "business as usual". Como lo hizo Gran Bretaña frente al terrorismo del IRA en su época.
Este sólo hecho me parece suficiente para rechazar la posibilidad de un nuevo gobierno republicano. Y tengo fe en que esta no es una nación de cobardes, y que va a volver a primar el orgullo de ser libres por sobre la ilusión de mantener una garantía de vida cómoda y sin sobresaltos.

Friday, October 24, 2008

El gobierno de los contribuyentes

Con el confuso mensaje que el mundo recibió del congreso de Estados Unidos y su rechazo al paquete de rescate financiero, se destrozaron las bolsas del mundo ese martes, y cuando por fin se logró un acuerdo para llevar el paquete de rescate nuevamente a votación en el congreso y pasarlo, el viernes de esa semana, algo había pasado con la confianza. El paquete no logró hacer la diferencia que esperaban sus proponentes, y el escenario de fin de mundo se vino en encima a una velocidad impresionante. El paquete venía con muchas ataduras y restricciones no iba a ser fácil usarlos. Los bancos dejaron de prestarse unos a otros, y los que se percibían más débiles se quedaron secos. Las empresas no conseguían préstamos para financiar capital de trabajo, es decir para pagar sueldos y comprar materia prima o inventario mientras llegan las ventas, la gente empezaba a guardar su dinero por si perdían el trabajo. Otras empresas, las que tenían liquidez, empezaron a preocuparse más de proteger su dinero que de su propio negocio. Repartirlo entre varios bancos para quedar cubiertos en cada uno de ellos por el seguro federal, FDIC.
El dólar dejó de fluir hacia otros países y los bancos europeos quedaron en la mira, después de todo, también tenían grandes exposiciones a las hipotecas americanas además de las propias del Reino Unido y España dónde los valores de las propiedades se han derrumbado en los últimos meses. El pánico cundió. El horror de la depresión estaba frente a todo el mundo, de esta no se iba a escapar nadie.Las bolsas de India y China, las joyitas de los mercados emergentes por el enorme crecimiento de los últimos años, siguieron camino a un abismo que no parecía tener fondo. Los precios de las materias primas se fueron al suelo previendo una menor demanda, lo que hizo que las monedas de los países exportadores de materias primas, como la mayor parte de Sudamérica, Australia, Canadá y Rusia, cayeran bruscamente. Lo que causó pánico financiero en esos países y repentinamente todo el mundo se encontró en crisis. El Real brasileño se fue de andar por 1,5 por dólar a 2,5 por dólar en el peor momento. El Peso chileno de 530 a 625, el peso mexicano de 10 a 14. El mundo en que todos se endeudaban en dólares se volvió un campo minado, lleno de empresas que estaban por enfrentar un a deuda mayor por la devaluación, menores ventas, por la recesión que se venía fuerte, asegurando que muchas iban a tener serios problemas. Siguieron cayendo las bolsas. La espiral negativa de la que hablaron los expertos se estaba dando en forma inimaginable. Y nadie sabía que hacer. El pánico de un mercado viendo que el mundo está a cargo de un señor Bush, acompañado de gente ideologizada que creen que la intervención del gobierno es siempre mala. De los que extremistas de la libertad económica. Que se jodan, que el mercado lo va a arreglar. Las bolsas del mundo cayeron, y cayeron, y cayeron, todos vendiendo a lo que sea. La bolsa de Nueva York cayó 25 % en dos semanas. 9 % en un día, algo nunca visto desde el crash de 1929 y la depresión de los años 30.
Europa hizo un intento por actuar coordinadamente, pero en definitiva cada país fue a ver cómo se apeaba en esta crisis, generando más desconfianza. Falta de liderazgo en un lado del Atlántico, falta de gobierno en el otro.
Los bancos de Islandia, un paisito de 300.000 escandinavos que viven en una isla en el Atlántico norte, se fueron a la bancarrota, y como eran más grandes que su propio país porque tenían enormes operaciones en el extranjero, arrastraron al país completo, que no tuvo como darle apoyo a sus bancos. La moneda, Krona islandesa, se esfumo, perdiendo casi dos tercios de su valor, y nadie la quiere recibir, lo que la ha vuelto inconvertible. Los precios en dólares de vacaciones en Islandia se abarataron enormemente, y un amigo me decía que ahora puedes quedarte en buenos hoteles por precios que van entre 30 y 80 dólares. Los bancos islandeses crearon problemas para los ingleses, ya que pagando tasas de interés más altas, habían captado depósitos en Inglaterra en grandes cantidades. Al irse a la bancarrota, esa gente, entre los que había también empresas y municipios ingleses, iban a perder su dinero, por lo que el gobierno británico tuvo que garantizar esos depósitos, con dinero de los contribuyentes ingleses por supuesto, para evitar la cadena de males mayores que se pondría en marcha si no lo hacían. Y anunció que demandaría al estado islandés para recuperar ese dinero. Le deseo la mejor de las suertes, demandar a Islandia en estos momentos debe ser como demandar a Argentina en el 2002. Curioso esto de las estadísticas, Islandia era hasta hace poco algo así como el cuarto país más rico del mundo sobre la base del ingreso per capita de $ 80.000 dólares que tenía. También tiene uno de los mayores índices de desarrollo humano, típico de los países escandinavos. Espero que el stress de esta situación no los haga retroceder demasiado. El ingreso per capita va a caer mucho, pero van a seguir viviendo muy civilizadamente, aunque se van a tener que tener paciencia, ya que no me extrañaría que los empiecen a visitar las hordas de brasileños que van a Disney World, ahora que la Krona no vale nada.
Pero no habrá brasileños paseando por el mundo y conquistando rubias en Islandia si los mercados financieros no se estabilizan. Y si se lo dejamos a los extremistas de la libertad económica, nos vamos directo a la depresión de los años 30.
La única manera de destrabar el flujo de crédito y de recobrar la confianza en y entre las instituciones financieras del mundo es que los gobiernos de los países más fuertes apoyen a sus bancos en forma decidida, y hasta garanticen los pasivos de esos bancos, de manera que los acreedores puedan conocer el riesgo de lo que están asumiendo al prestarle a un banco. Porque hasta ahora estaban todos a oscuras, prestarle a cualquier banco se podía convertir en una desagradable sorpresa de pérdida. Y ante la duda, todos se abstienen.
Durante el fin de semana recién pasado y el lunes, los Bancos Centrales de los países desarrollados, en forma coordinada por fin, anunciaron medidas de garantías y capitalización para los bancos, de manera de recuperar la confianza. En Estados Unidos, que el lunes estaba con feriado bancario por el “Día de (Cristóbal) Colón”, se anunció de amanecida el martes, que el gobierno le había aportado 150 mil millones de dólares a los principales bancos del país, y que les garantizará los nuevos pasivos. El gobierno federal de Estados Unidos pasó a ser el accionista mas grande de empresas como Goldman Sachs, Citigroup y otros. Claro que sin derecho a voto . Por fin, los republicanos se soltaron las amarras ideológicas que los tenían paralizados, e intervinieron el mercado fuerte mente para tratar de recuperar la confianza en el sistema financiero. Pero intervinieron sin perjudicar a los accionistas de los bancos, por el contrario, los favorecieron porque las acciones financieras subieron. Es que confianza y el precio de las acciones de los bancos se tienden a confundir, además seria un golpe muy fuerte que el gobierno los afectara. Por otra parte, los accionistas tienen poco que decir sobre como se manejan los bancos, o cualquier otra empresa norteamericana que sea abierta en bolsa y con la propiedad dispersa. El sistema de selección de los directorios, y digo selección porque no es elección, está diseñado para que a los accionistas les sea muy difícil intervenir en como se manejan las empresas, aún cuando se manejan tan mal como se han manejado los grandes bancos últimamente. Los directorios se auto perpetúan con la complicidad de los gerentes, que también son parte de los directorios. No tiene nada que ve con el sistema que conocemos en Chile, donde las minorías pueden nombrar directores, y dónde a los gerentes se les prohíbe ser directores. Esa es la única forma de explicar que con los desastres que hemos viso en los bancos, los directorios de esas honorables instituciones siguen prácticamente intactos. Cuando ha habido cambios ha sido el propio directorio que ha destituido a uno de sus miembros, generalmente el CEO, o sea el gerente general que también es director. Y ahora que el gobierno les pone plata, los que siguen dándole “dirección estratégica” y “supervisando” a los gerentes son los mismos que presidieron el desastre en el que están metidos. Sólo que ahora que no pueden conseguir más dinero prestado, y ahora se los pasa el gobierno.
Creo que esto no tiene ningún sentido, y mas temprano que tarde la sociedad americana les va a hacer pagar caro. Va a venir regulación y supervisión muy fuerte, y creo que esta vez va a ser coordinada entre países desarrollados, y así no va a valer el argumento de que si los regulan muy fuerte el negocio se va a ir al extranjero. ¿Dónde se van a ir? ¿a Islandia?

Sunday, October 19, 2008

La tecnología mató la democracia

El patético espectáculo de la política norteamericana en las últimas semanas me hace pensar en el fin de la democracia representativa. Esa democracia a la que se refieren cuando dicen que la democracia es el menos malo de los sistemas de gobierno.
La democracia en la que los ciudadanos eligen representantes para que tomen las decisiones de gobierno, en lo posible gente relativamente más preparada y que a la hora de tomar las decisiones lo hará buscando lo mejor para sus representados y para el país como un todo, y por supuesto bien informado de los temas sobre los que decidirá.
A veces el representante no decidirá igual como su representado, porque el representante tendrá mejor información y mayor capacidad de análisis al contar con un equipo técnico que le ayuda en eso. A veces tomará decisiones que en el corto plazo serán mal vistas por el electorado, pero que son necesarias por el bien del país en el mediano o largo plazo. El representante debería ser capaz también de pensar en los efectos que tendrán sus decisiones sobre generaciones futuras, tal como lo hace el electorado con su familia.
La capacidad de tomar decisiones teniendo el bien común como objetivo, aún cuando la decisión sea impopular en el corto plazo es lo que identifica a un estadista. Y el tomar decisiones que en definitiva son contrarias al bien común sólo porque son populares frente a los votantes en el momento de la decisión.
Obviamente lo que aquí está implícito es que los votantes no necesariamente saben elegir lo que es correcto, pero que alguien preparado e informado sí sabe, lo que se puede ver como una posición algo arrogante y elitista. Va contra la visión corriente que dice que el electorado es sabio.
Pero todos hemos visto alguna vez lo cambiante que es la opinión pública, y dejar las decisiones de estado a la veleidosa opinión de las masas puede ser peligroso. La gente común no tiene ni la posibilidad ni muchas veces la capacidad para informarse adecuadamente sobre los temas a decidir. Pero la televisión de noticias permanentes, desde CNN, CNBC, Fox News en Estados Unidos hasta versiones criollas en América Latina y sus equivalentes en Europa, Asia y el Medio Oriente, bombardean al ciudadano común y corriente con una extrema reducción de temas complejos a “sound bites”, frases cortas comprensibles para el televidente que no tiene una capacidad de atención para el tema más allá de unos pocos segundos. “Debemos proteger el dinero del contribuyente, ¡no al salvataje de los bancos!”. “Somos un país de leyes, hagamos cumplir la ley, fuera todos los inmigrantes ilegales”. “¿Quién es verdaderamente Barack Hussein Obama?”. “No se puede profitar con con la salud”. “Educadores con fines de lucro”. “Universidad para todos”. “El drama de los deudores hipotecarios”. Y así sucesivamente. Un bombardeo que a veces puede ir acompañado por mayores antecedentes en algunos programas de opinión o de investigación periodística, lo que causa que a los pocos minutos de análisis la capacidad de comprensión o el interés de la gran mayoría de los televidentes se ve superada y cambia de canal o apaga el televisor.
Y en ese momento entran en escena las empresas que se dedican a encuestar la opinión pública. Con sus propias frases cortas, preguntas relativamente simples, fáciles de entender para una persona común y corriente sobre simplifican nuevamente un tema complejo y salen a sacar una muestra de la opinión de la gente sobre un tema en particular. Que si está a favor de rescatar a los bancos con 750 mil millones de dólares de los contribuyentes. O si cree que se debe construir un muro para que no entren ilegales al país. Etc., etc.
La industria de encuestas es gigantesca. Se pregunta de todo, y se le presenta perfectamente tabulado y simplificado a los asesores de los políticos que la gente ha elegido para que la represente en el gobierno. Y los asesores le dan instrucciones a los representantes de cómo deben tomar sus decisiones para que se maximice su popularidad entre sus votantes. Las “bases” o los “constituyentes” como los llaman por ahí.
Es cierto que los representantes a veces toman decisiones impopulares, pero no es lo corriente, y generalmente ocurre cuando no hay elecciones a la vista, y faltan años para ponerse en modo de campaña electoral. Lo malo es que en los últimos tiempos las campañas empiezan cada vez más temprano. Bachelet apenas había sido elegida y ya había gente en pre-campaña para la siguiente elección presidencial. Y después vienen las elecciones municipales. Y el próximo año vienen en serio las presidenciales.
Lo peor es un gobierno, partido o coalición que tiene el poder y que ve que lo va a perder en alguna elección inminente. Y no me refiero a Chile. Me refiero a los republicanos del Estados Unidos de Bush.
Frente a la medida de rescatar al sector financiero en forma rápida y flexible, aprobando “gastar 750 mil millones de los contribuyentes para rescatar a los bancos que se metieron en problemas”, los representantes republicanos en el congreso dijeron que no. Votaron mayoritariamente en contra de la medida que el gobierno republicano estaba proponiendo. Ellos respondían al “clamor de los votantes” que habían sido encuestados y llamaban a los medios y a las oficinas de sus representantes a decirles que no iban a votar por quién apoyara tamaña injusticia para el hombre de la calle. A pesar de que los expertos en temas financieros, encabezados por el chairman Bernanke de la Reserva Federal y el secretario del tesoro Henry Paulson, estuvieron sentados días completos explicandole a los “representantes del pueblo” que si no se hacía el rescate se podía derrumbar el sistema financiero de Estados Unidos y eventualmente del mundo. Lo que traería una depresión profunda, con gran desempleo y pérdidas para todos. Una espiral negativa que se desataría por la restricción del crédito y la pérdida de confianza en las instituciones financieras. No faltó el que dijo que ese escenario de fin de mundo era una simple campaña del terror de los banqueros para hacerse del dinero de los contribuyentes.
La mayoría de los representantes republicanos y la minoría de los representantes demócratasen el congreso de Estados Unidos votaron en contra del paquete de rescate. No querían pagar el precio en las elecciones de noviembre próximo, porque los encuestadores ya habían hablado: el pueblo no quería que se usara el dinero de sus impuestos para rescatar a los banqueros que por lo demás son más ricos que la mayoría. Que se jodan y se las arreglen como puedan pero el dinero del contribuyente no se toca.