Hoy es un día que no se me va a olvidar muy fácil.
Esta mañana todo el mundo en Wall Street daba por hecho que se pasaría el plan de rescate para el sistema financiero de Estados Unidos. Podemos discutir largamente las razones por las que el mercado de crédito está paralizado en Estados Unidos, pero el hecho es que lo está, y que la economía está entrando en una espiral negativa como la que tuvimos en Chile el año 82 y que llevó a una reducción del ingreso de 14 % en ese año, con 30% de desempleo y multiplicidad de quiebras de empresas. El Secretario del Tesoro, Henry Paulson, negoció entre el viernes y el domingo con los líderes de los dos partidos, Demócrata y Republicano, para llegar a un acuerdo de texto para una ley que le permitiera al gobierno comprar préstamos de los bancos, para darles liquidez y certeza de valor a esos activos que han venido cayendo de valor cada día, consumiendo el capital de los bancos. Es lo que hizo caer a Bear Stearns hace unos meses, y a Lehman, Merrill Lynch, AIG y Washington Mutual la semana pasada.
Yo desperté esta mañana y oí el se anuncio que para evitar la quiebra de Wachovia, uno de los mayores bancos de Estados Unidos, sería absorbido por Citigroup con apoyo del FDIC, en una transacción negociada durante el fin de semana, y anunciada antes de las 8 de la mañana para que no hubiera corrida cuando abriera el lunes. También alcancé a ver a Bush anunciando que se llevaba el rescate financiero a ser aprobado por el congreso, dejando claro que la inacción no era una opción.
Pero algo olía mal esta mañana. Los mercados futuros de acciones apuntaban a la baja, y ya habían bajado los mercados en Asia y estaban bajando en Europa. En el camino a la oficina me tomé un break de 40 minutos para ir al kinesiólogo que me está ayudando con el dolor cervical. En la sala del centro de terapia física frente a Union Square era otro mundo. Nadie hablaba de bancos ni de rescates financieros. Los terapeutas hacían su trabajo en buena onda con sus pacientes en las camillas y máquinas del gimnasio, sin televisión que estuviera pasando los precios de las acciones ni comentaristas gritones opinando sobre todo y nada. Eso sería lo que los políticos llaman “Main Street”. La gente común y corriente de la calle. La conversación con Jon, mi terapeuta, gira alrededor de deportes, la bicicleta, el fútbol que juega en un equipo en una liga de Queens, de las ganas de que llegue el invierno para hacer snowboard. Que tal vez le gustaría conocer la Patagonia, porque sólo conoce Rio en Sudamérica.
Salí del oasis de la terapia y antes de entrar al Subway miré en mi iPhone cómo iba el Dow Jones a las 10 de la mañana. Ya iba más de 200 puntos abajo, lo que es una bajada fuerte, así que opté por apurarme en llegar a la oficina. Llegué allá y hablé con mis colegas, todos tranquilos, esperando que se aprobara el rescate en el congreso. El Dow seguía fluctuando entre 200 y 300 puntos abajo, mostrando la preocupación del mercado. Como a la 1 de la tarde, después de horas de estar mirando de reojo el televisor que tengo en la oficina puesto en el canal CNBC y viendo un anuncio de “votación inminente”, decidí subir a almorzar. En el comedor también hay televisor, una enorme pantalla plana al fondo de a sala, permanentemente en CNBC. Justo empezó la votación. En la pantalla apareció un cuadro que mostraba el avance de la votación, detallando cuantos demócratas y cuantos republicanos iban votando a favor o en contra.
Curiosamente desde que empecé a seguir la votación, la mayoría de los demócratas iban votando a favor la mayoría de los republicanos iban votando en contra.
Todos los que estábamos mirando pensamos en un comienzo que se iba a dar vuelta el resultado a medida que avanzara la votación. Total faltaban más de la mitad de los votos.
Avanzó la votación y la diferencia no disminuía, al revés, empeoraba y el voto republicano seguía en contra. Poco a poco se llegó a un punto en que resultó evidente que no pasaría la ley. Un recuadro del televisor mostraba el índice Dow Jones, que estaba bajando como un piano en caída libre. No había visto una cosa así en mi vida. Cayó en unos minutos hasta estar más de 600 puntos abajo para el día. Terminó la votación, con suficientes votos en contra para rechazar el proyecto de ley, y mantuvieron la votación abierta por si algunos quisieran cambiar su voto. Pero en unos minutos cerraron y dieron por rechazada la ley.
La cara de incredulidad de mis colegas era impresionante. Nadie podía creer lo que había pasado. Y no había nada que hacer sino observar las consecuencias. Comenzaron las patéticas explicaciones de los políticos. “Que los republicanos se ofendieron porque la líder de los demócratas y presidente de la cámara hizo un discurso partidista antes de comenzar de la votación, y por eso no pudieron votar a favor”. Les pedían votar a favor de una ley que propuso el gobierno de Bush, republicano. Para resolver un problema serio de su país, según el mismo presidente había dicho en su discurso esa mañana. Patética explicación. Mientras tanto el petróleo caía violentamente, y el cobre se había ido por debajo de 3 dólares por primera vez en mucho tiempo. La caída de los precios de las materias primas señalaban que el mercado veía una recesión mundial, no sólo un problema en Estados Unidos. Y por la vía de esos precios de materias primas la recesion va a golpear a América del Sur.
Bush ya no tiene peso político. No lo apoya ni su propio partido, ya no lo consideran un “lame duck” sino que un “dead duck”. El resultado de esta votación fue una más de los grandes desastres que ha causado el gobierno republicano, el broche de oro al término del gobierno de Bush. Después de meter al país en la desastrosa guerra de Irak, de la incapacidad de derrotar a Al Qaeda, de llevar al país de una situación fiscal sana a un déficit record, de presidir la caída dramática del dólar frente a las monedas del resto del mundo y la destrucción del sistema financiero de Estados Unidos, termina su gobierno fracasando en un intento de frenar lo que podría ser una profunda recesión mundial.
El plan de rescate consideraba que se pondrían US$700 mil millones a disposición del gobierno para comprar cartera de los bancos. Y la razón por la que muchos de los representantes en el congreso es que contribuyentes de sus distritos les mandaron mensajes diciendo que no les gustaba que el dinero que pagan en impuestos se usara para “rescatar a los banqueros de Wall Street, cuyos ejecutivos se pagan millonarios sueldos y bonos”. No iban a aceptar este intento de robarle al contribuyente su dinero para subsidiar a los incompetentes de Wall Street, no un mes antes de las elecciones en as que se juegan el puesto en el congreso.
Buena decisión, las pérdidas del mercado accionario para el día llegó a 777 puntos del Dow Jones, lo que equivale a una pérdida de US$1,2 billones, o un millón doscientos mil millones de dólares. Lo que los gringos llaman 1,2 trillones. Es decir, el mercado accionario perdió poco menos del doble de lo que hubiera costado el rescate en el peor de los casos. Valor que sale de los ahorros cuentas de retiro de muchísimos contribuyentes que no quieren financiar el rescate.
La democracia no se ve muy bonita en esta situación. No se diferencia mucho la política de un país grande poderoso como Estados Unidos de la de cualquier país despectivamente calificado de bananero. La demagogia el populismo son el pan de cada día en un país con un electorado ignorante, cuyo conocimiento de los temas sobre los que hay que decidir se reduce a frases cortas fáciles de entender a través de la televisión. Nada de substancia, muchos efectos especiales.
Con muchos canales transmitiendo política todo el día, y por otro la capacidad de hacer encuestas a cada minuto para sondear la opinión pública acerca de cualquier tema, la democracia de Estados Unidos se ha ido convirtiendo en una democracia directa, y la democracia representativa ya no funciona. Los representantes que el pueblo elige para que tomen las decisiones de manera informada, ya no pueden tomar decisiones sin volver a consultar al pueblo a cada minuto. Y esto es peor en períodos de elecciones, como este momento.
Son las 7:30 AM del 30 de septiembre, y los pocos políticos que quedan en Washington están todavía apuntando al partido contrario para culparlo del fracaso de ayer. Los demás, la abrumadora mayoría, se fue para la casa en sus distritos, por el receso para la fiesta judía de Rosh Hasanah, el año nuevo judío. No les pareció importante quedarse para tratar de resolver el problema. Y no es que la mayoría sean judíos.
El mundo observa atónito.
Tuesday, September 30, 2008
Monday, September 29, 2008
Circo Americano para todos
El jueves 24 de septiembre habían pasado seis días del anuncio de Henry Paulson de que iba a armar un paquete de salvataje para el sistema financiero y ya estba claro que los políticos de Estados Unios no son diferentes de los de cualquiera de nuestros países bananeros. ¿Cómo se le ocurrió a Paulson que iba a lograr pasar fácilmente por el congreso un rescate de US$700 mil millones 40 días antes de las elecciones?. La semana pasada lo presentó como que lo sacabatrabajando el fin de semana para tenerlo listo antes de que abrieran los mercados el lunes 21.
Primero vimos el interrogatorio de los diputados al Secretario del Tesoro y al presidente de la Federal Reserve. Preguntas “inconvenientes”, como por qué no le dan acciones de los bancos al gobierno si va a poner la plata para salvar las instituciones. O por qué le van a seguir pagado decenas y centenas de millones de dólares anuales a los máximos ejecutivos de los bancos si han hecho tan mal su trabajo que ahora hay que rescatar el sistema con la plata de los contribuyentes. Preguntas que van al centro del asunto y que tienen toda la razón. Pero por otro lado salieron muchos a preguntar leseras que sólo dejaron en evidencia ignorancia acerca de como funciona el sistema financiero e incapacidad de entender lo que está pasando.
Hasta ahí todo bien, al final en el proceso democrático hay que dar el tiempo necesario para debatir los temas y poder salir con medidas que reflejen el aporte de todos las visiones políticas, que sea más equilibrado.
Si lo dejaran sólo, sin contrapesos, hay muchos que piensan que Paulson le habría pasado la plata de una vez a los bancos, con pocas condiciones, ya que por su trayectoria lo más probable es que tenga un sesgo muy fuerte a favor de los gerentes de los bancos. Me reí mucho leyendo este artículo de Michael Harris acerca de lo grave que sería para Estados Unidos que se afecte el pool de bonos de fin de año de los banqueros de Goldman.
Está bien que haya contrapesos aunque demoren el proceso de rescate.
Eso sería “politics as usual”, pero ahora, aparece el chapulín colorado John McCain en escena, quién regresa a Washington apresuradamente, suspendiendo la campaña para “asumir una posición de liderazgo” en el proceso de negociación del acuerdo para hacer el rescate. Curioso, viniendo de un señor que hace un par de semanas aseguraba que la economía americana estaba “fundamentalmente sana”.
Resultado, a la 1 PM del jueves había un acuerdo, pero llegó McCain a Washington y con su presencia se envalentonaron unos cuantos representantes republicanos conservadores que se oponen a la solución porque fomenta el “socialismo” y la intervención del estado cuando lo que hay que hacer es “incentivar” a que los mercados funcionen. O sea bajarle los impuestos a las corporaciones que compren cartera de los bancos. Intelectualmente puede tener algún atractivo, pero la realidad es que deja que el problema lo resuelvan los mismos que se metieron en el lío. Y les está pasando plata de los contribuyentes igual, al permitirles no pagar impuestos que de otra manera les tocaría pagar. Al final, se descarriló el acuerdo gracias al “liderazgo” de este señor.
Mientras tanto Washington Mutual, la mayor caja de ahorro de los Estados Unidos se iba a la ruina y los restos terminaban en manos de JP Morgan. Warren Buffett invertía US$5 mil millones en Goldman Sachs, en unas condiciones increíblemente favorables. Wachovia salía a buscar alguien que los compre, “sin apuro”, al menos por ahora. Y aparece Citigroup estabilizado de vuelta como comprador, posiblemente de Wachovia.
El viernes los candidatos presidenciales finalmente tuvieron su debate. A pesar de que McCain hizo mucho ruido e no ir, como lo puso Gail Collins, columnista del NY Times, la posición de McCain evolucionó así:
-¡Cancelemos el debate!
-Bueno, Tal vez debiéramos cancelar el debate.
-¡No habrá debate a menos que el congreso haya pasado una ley de rescate financiero!
-No habrá debate a menos que el congreso tenga un plan para pasar una ley de rescate financiero.
-Ah, ¡que diablos!
Ese es el señor que está listo para asumir como presidente y enfrentar cualquier crisis en el primer día de gobierno.
Lo que me lleva a preguntarme por la señora Sarah Palin, su compañera de lista como candidata a vicepresidenta por el partido republicano. Siempre es importante quién es el vicepresidente de Estados Unidos, ya que si el presidente muere, es destituido o renuncia, le toca asumir la presidencia inmediatamente. Esta señora, que tiene una trayectoria de alcaldesa de un pueblo de menos de 10.000 personas en Alaska, donde una de sus primeras acciones fue censurar los libros de la biblioteca pública para que se atuviera a sus principios “cristianos”. Actualmente es la gobernadora del estado de Alaska, un enorme pedazo de tierra que tiene poco mas de 600.000 habitantes. Sarah sacó su primer pasaporte el año pasado, nunca parece haber tenido curiosidad por conocer el mundo, aunque ella se defiende diciendo que a ella no la mandaron sus padres a viajar por Europa con una mochila sino que tuvo que trabajar. Sea como sea, tiene la capacidad de agitar multitudes conservadoras con sus discursos, pero cuando la entrevistan y tiene que hablar en serio, parece un niñita de colegio haciéndose la chistosa, y muestra una ignorancia enorme sobre política y relaciones internacionales.
Hoy día Sarah es el objeto de un número infinito de chistes, y me maté de la risa viendo a Tina Fey imitándola en Saturday Night Live.
Primero vimos el interrogatorio de los diputados al Secretario del Tesoro y al presidente de la Federal Reserve. Preguntas “inconvenientes”, como por qué no le dan acciones de los bancos al gobierno si va a poner la plata para salvar las instituciones. O por qué le van a seguir pagado decenas y centenas de millones de dólares anuales a los máximos ejecutivos de los bancos si han hecho tan mal su trabajo que ahora hay que rescatar el sistema con la plata de los contribuyentes. Preguntas que van al centro del asunto y que tienen toda la razón. Pero por otro lado salieron muchos a preguntar leseras que sólo dejaron en evidencia ignorancia acerca de como funciona el sistema financiero e incapacidad de entender lo que está pasando.
Hasta ahí todo bien, al final en el proceso democrático hay que dar el tiempo necesario para debatir los temas y poder salir con medidas que reflejen el aporte de todos las visiones políticas, que sea más equilibrado.
Si lo dejaran sólo, sin contrapesos, hay muchos que piensan que Paulson le habría pasado la plata de una vez a los bancos, con pocas condiciones, ya que por su trayectoria lo más probable es que tenga un sesgo muy fuerte a favor de los gerentes de los bancos. Me reí mucho leyendo este artículo de Michael Harris acerca de lo grave que sería para Estados Unidos que se afecte el pool de bonos de fin de año de los banqueros de Goldman.
Está bien que haya contrapesos aunque demoren el proceso de rescate.
Eso sería “politics as usual”, pero ahora, aparece el chapulín colorado John McCain en escena, quién regresa a Washington apresuradamente, suspendiendo la campaña para “asumir una posición de liderazgo” en el proceso de negociación del acuerdo para hacer el rescate. Curioso, viniendo de un señor que hace un par de semanas aseguraba que la economía americana estaba “fundamentalmente sana”.
Resultado, a la 1 PM del jueves había un acuerdo, pero llegó McCain a Washington y con su presencia se envalentonaron unos cuantos representantes republicanos conservadores que se oponen a la solución porque fomenta el “socialismo” y la intervención del estado cuando lo que hay que hacer es “incentivar” a que los mercados funcionen. O sea bajarle los impuestos a las corporaciones que compren cartera de los bancos. Intelectualmente puede tener algún atractivo, pero la realidad es que deja que el problema lo resuelvan los mismos que se metieron en el lío. Y les está pasando plata de los contribuyentes igual, al permitirles no pagar impuestos que de otra manera les tocaría pagar. Al final, se descarriló el acuerdo gracias al “liderazgo” de este señor.
Mientras tanto Washington Mutual, la mayor caja de ahorro de los Estados Unidos se iba a la ruina y los restos terminaban en manos de JP Morgan. Warren Buffett invertía US$5 mil millones en Goldman Sachs, en unas condiciones increíblemente favorables. Wachovia salía a buscar alguien que los compre, “sin apuro”, al menos por ahora. Y aparece Citigroup estabilizado de vuelta como comprador, posiblemente de Wachovia.
El viernes los candidatos presidenciales finalmente tuvieron su debate. A pesar de que McCain hizo mucho ruido e no ir, como lo puso Gail Collins, columnista del NY Times, la posición de McCain evolucionó así:
-¡Cancelemos el debate!
-Bueno, Tal vez debiéramos cancelar el debate.
-¡No habrá debate a menos que el congreso haya pasado una ley de rescate financiero!
-No habrá debate a menos que el congreso tenga un plan para pasar una ley de rescate financiero.
-Ah, ¡que diablos!
Ese es el señor que está listo para asumir como presidente y enfrentar cualquier crisis en el primer día de gobierno.
Lo que me lleva a preguntarme por la señora Sarah Palin, su compañera de lista como candidata a vicepresidenta por el partido republicano. Siempre es importante quién es el vicepresidente de Estados Unidos, ya que si el presidente muere, es destituido o renuncia, le toca asumir la presidencia inmediatamente. Esta señora, que tiene una trayectoria de alcaldesa de un pueblo de menos de 10.000 personas en Alaska, donde una de sus primeras acciones fue censurar los libros de la biblioteca pública para que se atuviera a sus principios “cristianos”. Actualmente es la gobernadora del estado de Alaska, un enorme pedazo de tierra que tiene poco mas de 600.000 habitantes. Sarah sacó su primer pasaporte el año pasado, nunca parece haber tenido curiosidad por conocer el mundo, aunque ella se defiende diciendo que a ella no la mandaron sus padres a viajar por Europa con una mochila sino que tuvo que trabajar. Sea como sea, tiene la capacidad de agitar multitudes conservadoras con sus discursos, pero cuando la entrevistan y tiene que hablar en serio, parece un niñita de colegio haciéndose la chistosa, y muestra una ignorancia enorme sobre política y relaciones internacionales.
Hoy día Sarah es el objeto de un número infinito de chistes, y me maté de la risa viendo a Tina Fey imitándola en Saturday Night Live.
Sunday, September 21, 2008
Banana Country
Con ya varios años como chileno viviendo en Nueva York, decidí comenzar este blog para dejar mi visión de estos tiempos que creo van a ser vistos en la historia como años de enorme cambio. Cambio en los centros de poder, en los pesos relativos de los países, de los pueblos y de las industrias. Cambio en las maneras de relacionarse entre las personas y en lo que se percibe como importante. ¿No nos hemos dado cuenta?, ¿o tal vez si y sólo soy yo el que está abismado por lo que pasa? Espero que esto resulte ser interactivo y alguien lea y opine sobre lo que aquí escribo, lo que ya es una expectativa poco realista considerando los millones de blogs que hay por ahí.
No pretendo que este sea el blog que resuelva los problemas del mundo, sino que sólo de una visión acompañada de una opinión, que puede ser a veces sobre las tribulaciones más pedestres de la vida diaria hasta las preocupaciones de los líderes mundiales.
Hoy no puedo hacerle el quite a lo que está pasando en los mercados financieros del mundo, aunque todo el mundo en Chile esté desconectado bailando cueca y comiendo asados. Iba a decir que toda esta semana fue una montaña rusa para los inversionistas, pero a verdad es que fue más parecido a un huracán. La montaña rusa es algo que sube y baja violentamente, pero aquí las cosas iban a la baja a toda velocidad y arrastrando por el camino a los negocios financieros que no estuvieran lo suficientemente firmes. Y con el huracán que tuvimos, el día jueves parecía que nada estaba lo suficientemente firme, hasta tambalearon los venerables Morgan Stanley y Goldman Sachs, que vieron como sus acciones caían en picada a la mitad o menos de los que valían la semana anterior. Ya se hablaba de que Morgan Stanley tendría que buscar un banco comercial que lo apoyara y que Goldman podría tener que hacer algo similar si las cosas seguían en la espiral negativa. Estas son las instituciones mas venerables y respetadas entre los bancos de inversión de Wall Street, donde los recién graduados universitarios son capaces de matar para conseguir un trabajo sirviendo de pisapapeles a un banquero que sea “Big swinging dick”.
Hacía apenas una semana que el gobierno norteamericano había rescatado a las instituciones que compran créditos hipotecarios, Fannie Mae y Freddie Mac, cosa que fue bien recibida por el mercado como una indicación de que el gobierno no dejaría que las cosas pasaran a mayores sin intervenir. Las acciones financieras subieron y los inversionistas pensaron que de repente la crisis había tocado fondo, pero sorpresivamente se dieron cuenta que si el gobierno estaba interviniendo era porque la situación de los créditos hipotecarios era un desastre mayor y tenía que estar golpeando fuerte a muchas instituciones financieras. Comenzó la desconfianza y los bancos de inversión que tienen miles de millones de dólares de estos créditos hipotecarios empaquetados en sus balances comenzaron a sentir la desconfianza del mercado y vieron sus acciones cayendo en picada. Lo mismo le pasó a AIG, la mayor compañía de seguros de Estados Unidos y que opera en todo el mundo. El martes Merrill Lynch se entregó a Bank of America a mitad del valor que tenía no hace mucho, y Lehman Brothers, después de tratar de encontrar algún comprador se declaró en quiebra. Nadie lo había querido comprar si no recibía un subsidio del gobierno de Estados Unidos, y el secretario Paulson no quiso dárselo.
Muy en la de que el mercado discipline a las empresas privadas que se meten en problemas, posición ideológica que no se demoró mucho en hacer agua por todos lados.
No había terminado el día cuando enfrentado a ver quebrar AIG, el gobierno se dio cuenta que la crisis podía llegar a tener consecuencias enormes, si AIG no cumplía con sus obligaciones de seguros y pensiones, y además salía a liquidar la enorme cantidad de activos que tiene en el balance para pagar sus deudas. Y el gobierno tuvo que ceder, porque el Federal Reserve salió a prestarle 85 mil millones de dólares a la compañía de seguro, y de paso la estatizó, quedándose el gobierno federal con el 80 % de la propiedad de la empresa.
Me vino a la memoria el año 82 en Chile, cuando el gobierno intervino los bancos cuando los grandes grupos Vial y Cruzat entraron en cesación de pagos, y junto con ellos todo el sistema financiero quedó en crisis. El gobierno, que ideológicamente era contrario a la intervención y que los problemas privados se debían solucionar en el mercado, tuvo que reconocer que había que intervenir y darle estabilidad al sistema financiero o la catástrofe que venía iba a ser peor de lo imaginable. Al quebrar los bancos iban a dejar de pagar a sus depositantes y estos a su vez iban a dejar de pagar sus obligaciones porque su dinero se habría perdido, y así sucesivamente hasta que prácticamente desaparecieran los medios de pago y la economía volviera a la edad de piedra, funcionando en base a trueque. Con espanto los economistas de Chicago tuvieron que salir a dar garantía estatal a los préstamos que los bancos habían tomado de bancos extranjeros, y a los depósitos. Y para resolver el problema de fondo, que era la mala cartera de préstamos que tenían los bancos producto de la orgía de crédito fácil de comienzos de los 80, el Banco Central salió a comprar la cartera mala de los bancos comerciales. Con eso los bancos recuperaban la solvencia, y se acababa la incertidumbre acerca de cuanto de esos créditos iban efectivamente a recuperar.
Volvamos al 2008. El miércoles me encontré con alguien en el ascensor de la oficina que me habló de lo terrible que era lo que estaba pasando en los mercados. Le dije que era hora que alguien tomara la decisión de comprar las carteras de los bancos porque la cosa ya no daba para mas. Me miró con esa sonrisa condescendiente que los gringos reservan para los extranjeros que no entienden nada, esa que implica que uno es una especie de retardado mental y que en adelante le empiezan a hablar a uno mas fuerte y con palabras sencillas para que pueda entender. Me dijo que claro, es que el problema es que no hay compradores para la cartera, y se bajó del ascensor. Yo no pude explicarle que antes que Estados Unidos se fuera deslizando hacia la posición financiera de un país latinoamericano de los años 80 me había tocado vivir una situación parecida en Chile, cuando no éramos ejemplo de manejo macroeconómico sino que estábamos en la categoría de país bananero. Y que Estados Unidos podría dar una miradita a la experiencia de otros para encontrar soluciones. Lo que hubiera provocado la madre de todas las sonrisas condescendientes.
El jueves a comienzos de la tarde el índice Dow Jones había caído más de 8 % para la semana, una pérdida enorme. Pero no era eso lo que tenía a todo el mundo en pánico. Las acciones de Goldman Sachs habían caído mas de 40 % y las de Morgan Stanley 65 % en la semana. El mercado estaba previendo que esos bancos de inversión, los más grandes de Estados Unidos, o para ser más claro, los únicos dos grandes que iban quedando después de la caída de Bear Stearns, Lehman Brothers y Merrill Lynch, serían los próximos en caer.
En una reacción curiosa, le echaron la culpa al mensajero, y el gobierno salió a investigar a los vendedores cortos de las acciones de los bancos de inversión. Como si los vendedores tuvieran la culpa de la pérdida de confianza en el sistema. Y ya había varios personajes notables como Paul Volcker y James Brady que pedían que el gobierno montara una agencia para comprar las carteras malas de los bancos. Empezaaron a aparecer en televisón caras serias de políticos, incluyendo a doña Nancy Pelosi, la presidenta de la cámara de representantes, demócrata opositora al gobierno de Bush. Con cara de pánico y demostrando ánimo de cooperar con el despreciado gobierno de Bush para tratar de parar la vorágine que se estaba tragando a todo el sistema financiero.
El viernes en la mañana el secretario del tesoro Henry Paulson anunció que estaban de acuerdo en trabajar durante el fin de semana para buscar una solución que pasaría por el congreso para ir a la raíz del problema, es decir, a sacarle la cartera mala a los bancos. Y de paso dijo que la regulación financiera de Estados Unidos dejaba mucho que desear, pero que eso era harina de otro costal, ya que or el momento se tenían que enfocar en el rescate del sistema.
Se me vino a la cara una sonrisa condescendiente y mentalmente me vi explicándole en una pizarra al gringo del ascensor lo que estaba diciendo su secretario del tesoro republicano.
Ahora vamos a ver de verdad si prima el bien común o el bien de los menos comunes en la solución que diseñen y negocien con los políticos durante el fin de semana. El viernes el Dow Jones volvió dónde estaba a comienzos de la semana. Y los precios de las acciones del sector financiero se recuperaron con ganas. Vendí la mitad de las mías. Después de ese anuncio no se si lo que sigue son buenas noticias. Falta mucha carpintería, y lo único que me quedo claro es que las noticias que vengan van a revolver más las cosas. Creo que hay muchas formas de comprarle la cartera a los bancos, y como se haga eso va a determinar quién paga la cuenta y a quién se va a beneficiar en lo inmediato. No se por qué tengo la impresión de que la pelotera va a ser grande.
Termina el fin de semana y no hay claridad en lo que va a pasar cuando abran los mercados el lunes, pero ya no existen los investmets banks Goldman Sachs y Morgan Stanley. Para permitirles sobrevivir, el Federal Reserve acaba de aunciar que de ahora en adelante estas dos instituciones pasan a ser bancos comerciales, es decir, "bank holding companies", lo que les da acceso a pedir le plata al Federal Reserve cuando se ven apretados de liquidez.
Curioso anuncio para un domingo en la noche. Pero todavía no hay una solución global diseñada para resolver el problema, y a algunos los puso nervioso el hecho que estos bancos de inversión enfrentaran la “disciplina de mercado” el lunes en la mañana. Me imagino que el hecho de que el secretario Paulson haya sido el chairman de Goldman Sachs antes de ponerse a las órdenes de Bush en el Departamento del Tesoro no tuvo nada que ver con la decisión. Muchos quisieran que hubiera sido el chairman de Lehman Brothers y no el de Goldman, especialmente un amigo mío al que le pagaron muchos sueldos con acciones de Lehman.
No pretendo que este sea el blog que resuelva los problemas del mundo, sino que sólo de una visión acompañada de una opinión, que puede ser a veces sobre las tribulaciones más pedestres de la vida diaria hasta las preocupaciones de los líderes mundiales.
Hoy no puedo hacerle el quite a lo que está pasando en los mercados financieros del mundo, aunque todo el mundo en Chile esté desconectado bailando cueca y comiendo asados. Iba a decir que toda esta semana fue una montaña rusa para los inversionistas, pero a verdad es que fue más parecido a un huracán. La montaña rusa es algo que sube y baja violentamente, pero aquí las cosas iban a la baja a toda velocidad y arrastrando por el camino a los negocios financieros que no estuvieran lo suficientemente firmes. Y con el huracán que tuvimos, el día jueves parecía que nada estaba lo suficientemente firme, hasta tambalearon los venerables Morgan Stanley y Goldman Sachs, que vieron como sus acciones caían en picada a la mitad o menos de los que valían la semana anterior. Ya se hablaba de que Morgan Stanley tendría que buscar un banco comercial que lo apoyara y que Goldman podría tener que hacer algo similar si las cosas seguían en la espiral negativa. Estas son las instituciones mas venerables y respetadas entre los bancos de inversión de Wall Street, donde los recién graduados universitarios son capaces de matar para conseguir un trabajo sirviendo de pisapapeles a un banquero que sea “Big swinging dick”.
Hacía apenas una semana que el gobierno norteamericano había rescatado a las instituciones que compran créditos hipotecarios, Fannie Mae y Freddie Mac, cosa que fue bien recibida por el mercado como una indicación de que el gobierno no dejaría que las cosas pasaran a mayores sin intervenir. Las acciones financieras subieron y los inversionistas pensaron que de repente la crisis había tocado fondo, pero sorpresivamente se dieron cuenta que si el gobierno estaba interviniendo era porque la situación de los créditos hipotecarios era un desastre mayor y tenía que estar golpeando fuerte a muchas instituciones financieras. Comenzó la desconfianza y los bancos de inversión que tienen miles de millones de dólares de estos créditos hipotecarios empaquetados en sus balances comenzaron a sentir la desconfianza del mercado y vieron sus acciones cayendo en picada. Lo mismo le pasó a AIG, la mayor compañía de seguros de Estados Unidos y que opera en todo el mundo. El martes Merrill Lynch se entregó a Bank of America a mitad del valor que tenía no hace mucho, y Lehman Brothers, después de tratar de encontrar algún comprador se declaró en quiebra. Nadie lo había querido comprar si no recibía un subsidio del gobierno de Estados Unidos, y el secretario Paulson no quiso dárselo.
Muy en la de que el mercado discipline a las empresas privadas que se meten en problemas, posición ideológica que no se demoró mucho en hacer agua por todos lados.
No había terminado el día cuando enfrentado a ver quebrar AIG, el gobierno se dio cuenta que la crisis podía llegar a tener consecuencias enormes, si AIG no cumplía con sus obligaciones de seguros y pensiones, y además salía a liquidar la enorme cantidad de activos que tiene en el balance para pagar sus deudas. Y el gobierno tuvo que ceder, porque el Federal Reserve salió a prestarle 85 mil millones de dólares a la compañía de seguro, y de paso la estatizó, quedándose el gobierno federal con el 80 % de la propiedad de la empresa.
Me vino a la memoria el año 82 en Chile, cuando el gobierno intervino los bancos cuando los grandes grupos Vial y Cruzat entraron en cesación de pagos, y junto con ellos todo el sistema financiero quedó en crisis. El gobierno, que ideológicamente era contrario a la intervención y que los problemas privados se debían solucionar en el mercado, tuvo que reconocer que había que intervenir y darle estabilidad al sistema financiero o la catástrofe que venía iba a ser peor de lo imaginable. Al quebrar los bancos iban a dejar de pagar a sus depositantes y estos a su vez iban a dejar de pagar sus obligaciones porque su dinero se habría perdido, y así sucesivamente hasta que prácticamente desaparecieran los medios de pago y la economía volviera a la edad de piedra, funcionando en base a trueque. Con espanto los economistas de Chicago tuvieron que salir a dar garantía estatal a los préstamos que los bancos habían tomado de bancos extranjeros, y a los depósitos. Y para resolver el problema de fondo, que era la mala cartera de préstamos que tenían los bancos producto de la orgía de crédito fácil de comienzos de los 80, el Banco Central salió a comprar la cartera mala de los bancos comerciales. Con eso los bancos recuperaban la solvencia, y se acababa la incertidumbre acerca de cuanto de esos créditos iban efectivamente a recuperar.
Volvamos al 2008. El miércoles me encontré con alguien en el ascensor de la oficina que me habló de lo terrible que era lo que estaba pasando en los mercados. Le dije que era hora que alguien tomara la decisión de comprar las carteras de los bancos porque la cosa ya no daba para mas. Me miró con esa sonrisa condescendiente que los gringos reservan para los extranjeros que no entienden nada, esa que implica que uno es una especie de retardado mental y que en adelante le empiezan a hablar a uno mas fuerte y con palabras sencillas para que pueda entender. Me dijo que claro, es que el problema es que no hay compradores para la cartera, y se bajó del ascensor. Yo no pude explicarle que antes que Estados Unidos se fuera deslizando hacia la posición financiera de un país latinoamericano de los años 80 me había tocado vivir una situación parecida en Chile, cuando no éramos ejemplo de manejo macroeconómico sino que estábamos en la categoría de país bananero. Y que Estados Unidos podría dar una miradita a la experiencia de otros para encontrar soluciones. Lo que hubiera provocado la madre de todas las sonrisas condescendientes.
El jueves a comienzos de la tarde el índice Dow Jones había caído más de 8 % para la semana, una pérdida enorme. Pero no era eso lo que tenía a todo el mundo en pánico. Las acciones de Goldman Sachs habían caído mas de 40 % y las de Morgan Stanley 65 % en la semana. El mercado estaba previendo que esos bancos de inversión, los más grandes de Estados Unidos, o para ser más claro, los únicos dos grandes que iban quedando después de la caída de Bear Stearns, Lehman Brothers y Merrill Lynch, serían los próximos en caer.
En una reacción curiosa, le echaron la culpa al mensajero, y el gobierno salió a investigar a los vendedores cortos de las acciones de los bancos de inversión. Como si los vendedores tuvieran la culpa de la pérdida de confianza en el sistema. Y ya había varios personajes notables como Paul Volcker y James Brady que pedían que el gobierno montara una agencia para comprar las carteras malas de los bancos. Empezaaron a aparecer en televisón caras serias de políticos, incluyendo a doña Nancy Pelosi, la presidenta de la cámara de representantes, demócrata opositora al gobierno de Bush. Con cara de pánico y demostrando ánimo de cooperar con el despreciado gobierno de Bush para tratar de parar la vorágine que se estaba tragando a todo el sistema financiero.
El viernes en la mañana el secretario del tesoro Henry Paulson anunció que estaban de acuerdo en trabajar durante el fin de semana para buscar una solución que pasaría por el congreso para ir a la raíz del problema, es decir, a sacarle la cartera mala a los bancos. Y de paso dijo que la regulación financiera de Estados Unidos dejaba mucho que desear, pero que eso era harina de otro costal, ya que or el momento se tenían que enfocar en el rescate del sistema.
Se me vino a la cara una sonrisa condescendiente y mentalmente me vi explicándole en una pizarra al gringo del ascensor lo que estaba diciendo su secretario del tesoro republicano.
Ahora vamos a ver de verdad si prima el bien común o el bien de los menos comunes en la solución que diseñen y negocien con los políticos durante el fin de semana. El viernes el Dow Jones volvió dónde estaba a comienzos de la semana. Y los precios de las acciones del sector financiero se recuperaron con ganas. Vendí la mitad de las mías. Después de ese anuncio no se si lo que sigue son buenas noticias. Falta mucha carpintería, y lo único que me quedo claro es que las noticias que vengan van a revolver más las cosas. Creo que hay muchas formas de comprarle la cartera a los bancos, y como se haga eso va a determinar quién paga la cuenta y a quién se va a beneficiar en lo inmediato. No se por qué tengo la impresión de que la pelotera va a ser grande.
Termina el fin de semana y no hay claridad en lo que va a pasar cuando abran los mercados el lunes, pero ya no existen los investmets banks Goldman Sachs y Morgan Stanley. Para permitirles sobrevivir, el Federal Reserve acaba de aunciar que de ahora en adelante estas dos instituciones pasan a ser bancos comerciales, es decir, "bank holding companies", lo que les da acceso a pedir le plata al Federal Reserve cuando se ven apretados de liquidez.
Curioso anuncio para un domingo en la noche. Pero todavía no hay una solución global diseñada para resolver el problema, y a algunos los puso nervioso el hecho que estos bancos de inversión enfrentaran la “disciplina de mercado” el lunes en la mañana. Me imagino que el hecho de que el secretario Paulson haya sido el chairman de Goldman Sachs antes de ponerse a las órdenes de Bush en el Departamento del Tesoro no tuvo nada que ver con la decisión. Muchos quisieran que hubiera sido el chairman de Lehman Brothers y no el de Goldman, especialmente un amigo mío al que le pagaron muchos sueldos con acciones de Lehman.
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