No pretendo que este sea el blog que resuelva los problemas del mundo, sino que sólo de una visión acompañada de una opinión, que puede ser a veces sobre las tribulaciones más pedestres de la vida diaria hasta las preocupaciones de los líderes mundiales.
Hoy no puedo hacerle el quite a lo que está pasando en los mercados financieros del mundo, aunque todo el mundo en Chile esté desconectado bailando cueca y comiendo asados. Iba a decir que toda esta semana fue una montaña rusa para los inversionistas, pero a verdad es que fue más parecido a un huracán. La montaña rusa es algo que sube y baja violentamente, pero aquí las cosas iban a la baja a toda velocidad y arrastrando por el camino a los negocios financieros que no estuvieran lo suficientemente firmes. Y con el huracán que tuvimos, el día jueves parecía que nada estaba lo suficientemente firme, hasta tambalearon los venerables Morgan Stanley y Goldman Sachs, que vieron como sus acciones caían en picada a la mitad o menos de los que valían la semana anterior. Ya se hablaba de que Morgan Stanley tendría que buscar un banco comercial que lo apoyara y que Goldman podría tener que hacer algo similar si las cosas seguían en la espiral negativa. Estas son las instituciones mas venerables y respetadas entre los bancos de inversión de Wall Street, donde los recién graduados universitarios son capaces de matar para conseguir un trabajo sirviendo de pisapapeles a un banquero que sea “Big swinging dick”.
Hacía apenas una semana que el gobierno norteamericano había rescatado a las instituciones que compran créditos hipotecarios, Fannie Mae y Freddie Mac, cosa que fue bien recibida por el mercado como una indicación de que el gobierno no dejaría que las cosas pasaran a mayores sin intervenir. Las acciones financieras subieron y los inversionistas pensaron que de repente la crisis había tocado fondo, pero sorpresivamente se dieron cuenta que si el gobierno estaba interviniendo era porque la situación de los créditos hipotecarios era un desastre mayor y tenía que estar golpeando fuerte a muchas instituciones financieras. Comenzó la desconfianza y los bancos de inversión que tienen miles de millones de dólares de estos créditos hipotecarios empaquetados en sus balances comenzaron a sentir la desconfianza del mercado y vieron sus acciones cayendo en picada. Lo mismo le pasó a AIG, la mayor compañía de seguros de Estados Unidos y que opera en todo el mundo. El martes Merrill Lynch se entregó a Bank of America a mitad del valor que tenía no hace mucho, y Lehman Brothers, después de tratar de encontrar algún comprador se declaró en quiebra. Nadie lo había querido comprar si no recibía un subsidio del gobierno de Estados Unidos, y el secretario Paulson no quiso dárselo.
Muy en la de que el mercado discipline a las empresas privadas que se meten en problemas, posición ideológica que no se demoró mucho en hacer agua por todos lados.
No había terminado el día cuando enfrentado a ver quebrar AIG, el gobierno se dio cuenta que la crisis podía llegar a tener consecuencias enormes, si AIG no cumplía con sus obligaciones de seguros y pensiones, y además salía a liquidar la enorme cantidad de activos que tiene en el balance para pagar sus deudas. Y el gobierno tuvo que ceder, porque el Federal Reserve salió a prestarle 85 mil millones de dólares a la compañía de seguro, y de paso la estatizó, quedándose el gobierno federal con el 80 % de la propiedad de la empresa.
Me vino a la memoria el año 82 en Chile, cuando el gobierno intervino los bancos cuando los grandes grupos Vial y Cruzat entraron en cesación de pagos, y junto con ellos todo el sistema financiero quedó en crisis. El gobierno, que ideológicamente era contrario a la intervención y que los problemas privados se debían solucionar en el mercado, tuvo que reconocer que había que intervenir y darle estabilidad al sistema financiero o la catástrofe que venía iba a ser peor de lo imaginable. Al quebrar los bancos iban a dejar de pagar a sus depositantes y estos a su vez iban a dejar de pagar sus obligaciones porque su dinero se habría perdido, y así sucesivamente hasta que prácticamente desaparecieran los medios de pago y la economía volviera a la edad de piedra, funcionando en base a trueque. Con espanto los economistas de Chicago tuvieron que salir a dar garantía estatal a los préstamos que los bancos habían tomado de bancos extranjeros, y a los depósitos. Y para resolver el problema de fondo, que era la mala cartera de préstamos que tenían los bancos producto de la orgía de crédito fácil de comienzos de los 80, el Banco Central salió a comprar la cartera mala de los bancos comerciales. Con eso los bancos recuperaban la solvencia, y se acababa la incertidumbre acerca de cuanto de esos créditos iban efectivamente a recuperar.
Volvamos al 2008. El miércoles me encontré con alguien en el ascensor de la oficina que me habló de lo terrible que era lo que estaba pasando en los mercados. Le dije que era hora que alguien tomara la decisión de comprar las carteras de los bancos porque la cosa ya no daba para mas. Me miró con esa sonrisa condescendiente que los gringos reservan para los extranjeros que no entienden nada, esa que implica que uno es una especie de retardado mental y que en adelante le empiezan a hablar a uno mas fuerte y con palabras sencillas para que pueda entender. Me dijo que claro, es que el problema es que no hay compradores para la cartera, y se bajó del ascensor. Yo no pude explicarle que antes que Estados Unidos se fuera deslizando hacia la posición financiera de un país latinoamericano de los años 80 me había tocado vivir una situación parecida en Chile, cuando no éramos ejemplo de manejo macroeconómico sino que estábamos en la categoría de país bananero. Y que Estados Unidos podría dar una miradita a la experiencia de otros para encontrar soluciones. Lo que hubiera provocado la madre de todas las sonrisas condescendientes.
El jueves a comienzos de la tarde el índice Dow Jones había caído más de 8 % para la semana, una pérdida enorme. Pero no era eso lo que tenía a todo el mundo en pánico. Las acciones de Goldman Sachs habían caído mas de 40 % y las de Morgan Stanley 65 % en la semana. El mercado estaba previendo que esos bancos de inversión, los más grandes de Estados Unidos, o para ser más claro, los únicos dos grandes que iban quedando después de la caída de Bear Stearns, Lehman Brothers y Merrill Lynch, serían los próximos en caer.
En una reacción curiosa, le echaron la culpa al mensajero, y el gobierno salió a investigar a los vendedores cortos de las acciones de los bancos de inversión. Como si los vendedores tuvieran la culpa de la pérdida de confianza en el sistema. Y ya había varios personajes notables como Paul Volcker y James Brady que pedían que el gobierno montara una agencia para comprar las carteras malas de los bancos. Empezaaron a aparecer en televisón caras serias de políticos, incluyendo a doña Nancy Pelosi, la presidenta de la cámara de representantes, demócrata opositora al gobierno de Bush. Con cara de pánico y demostrando ánimo de cooperar con el despreciado gobierno de Bush para tratar de parar la vorágine que se estaba tragando a todo el sistema financiero.
El viernes en la mañana el secretario del tesoro Henry Paulson anunció que estaban de acuerdo en trabajar durante el fin de semana para buscar una solución que pasaría por el congreso para ir a la raíz del problema, es decir, a sacarle la cartera mala a los bancos. Y de paso dijo que la regulación financiera de Estados Unidos dejaba mucho que desear, pero que eso era harina de otro costal, ya que or el momento se tenían que enfocar en el rescate del sistema.
Se me vino a la cara una sonrisa condescendiente y mentalmente me vi explicándole en una pizarra al gringo del ascensor lo que estaba diciendo su secretario del tesoro republicano.
Ahora vamos a ver de verdad si prima el bien común o el bien de los menos comunes en la solución que diseñen y negocien con los políticos durante el fin de semana. El viernes el Dow Jones volvió dónde estaba a comienzos de la semana. Y los precios de las acciones del sector financiero se recuperaron con ganas. Vendí la mitad de las mías. Después de ese anuncio no se si lo que sigue son buenas noticias. Falta mucha carpintería, y lo único que me quedo claro es que las noticias que vengan van a revolver más las cosas. Creo que hay muchas formas de comprarle la cartera a los bancos, y como se haga eso va a determinar quién paga la cuenta y a quién se va a beneficiar en lo inmediato. No se por qué tengo la impresión de que la pelotera va a ser grande.
Termina el fin de semana y no hay claridad en lo que va a pasar cuando abran los mercados el lunes, pero ya no existen los investmets banks Goldman Sachs y Morgan Stanley. Para permitirles sobrevivir, el Federal Reserve acaba de aunciar que de ahora en adelante estas dos instituciones pasan a ser bancos comerciales, es decir, "bank holding companies", lo que les da acceso a pedir le plata al Federal Reserve cuando se ven apretados de liquidez.
Curioso anuncio para un domingo en la noche. Pero todavía no hay una solución global diseñada para resolver el problema, y a algunos los puso nervioso el hecho que estos bancos de inversión enfrentaran la “disciplina de mercado” el lunes en la mañana. Me imagino que el hecho de que el secretario Paulson haya sido el chairman de Goldman Sachs antes de ponerse a las órdenes de Bush en el Departamento del Tesoro no tuvo nada que ver con la decisión. Muchos quisieran que hubiera sido el chairman de Lehman Brothers y no el de Goldman, especialmente un amigo mío al que le pagaron muchos sueldos con acciones de Lehman.
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