Este post está un poco atrasado, pero la verdad es que desde la elección he estado increíblemente ocupado. Espero que ahora en esta época de fiestas pueda escribir un poco más. Me tiene chato la crisis, ya escribiré de eso, pero por ahora vamos a algo más domestico.
Halloween es una fiesta que se celebra en serio en la parte sur de Manhattan. A diferencia de otras partes de Estados Unidos, dónde es una fiesta principalmente de niños que se disfrazan y salen a pedir dulces en esta noche de brujas, en la zona sur de Manhattan los adultos celebran como si se tratara de carnaval. Miles de personas se disfrazan, desde simples mascaras o cuernos de diablo, hasta disfraces sofisticadísimos, muy elaborados y originales. Hay multiples fiestas y un gran festival callejero que se centra en la calle Bleecker, y que desborda por todas las calles de la zona central de Greenwich Village. Es un festival alegre que llena todos los bares, y la mayoría de las calles se cierran al tránsito de vehículos. Se pasa bien, la gente se toma fotos con los disfrazados más originales y en general hay un ambiente sano de diversion, fuertemente custodiado por la policía de New York.
Mi mujer, una amiga de ella yo nos disfrazamos y partimos a uno de los pubs del barrio a comer y tomar un par de cervezas, y antes de partir a dar una vuelta por el Village, regresamos a mi departamento para pasar un rato a la fiesta que tenía mi vecino que vive en el Penthouse del edificio. El vecino me había dejado una invitación en mi casilla de correos, a pesar de que no he tenido el placer de conocerlo, y me pareció de buena educación pasar al menos un rato y aprovechar de conocer a este vecino que hace poco que llegó. Vivo en un edificio chico, de 6 pisos y apenas ocho departamentos, este es el único vecino que no conozco.
Caminamos hacia el departamento, y al intentar entrar al lobby, un gorila vestido de trae oscuro me para y me pregunta dónde voy. Le digo a mi casa, vivo aquí, y sigo mi camino intentando entrar a mi edificio. Me vuelve a gritar, que viene a hacer aquí. Le vuelvo a decir, es mi casa, vivo aquí. Sigo mi camino hacia adentro con mi mujer y su amiga, y me empieza a preguntar, fuera de si, cual es la dirección. Le dije que no tengo que contestarle ninguna pregunta y que no me puede impedir entrar a mi casa, que que se ha creído. Sigue gritando cuando entro al ascensor me encuentro con que tenemos una ascensorista, y otro tipo de traje oscuro con radio se me acerca a decirme que están encargados de la seguridad de la fiesta del piso 6 y que por eso me paran. Le contesto que me parece que eso no le da derecho a gritarme e impedirme entrar a mi casa. Nos bajamos en mi piso entramos a mi departamento, y dada la antipatía e imperinencia del gorila a la entrada decidimos no ir a la fiesta del vecino.
Salimos nuevamente para irnos al Village a divertirnos con la gente en las calles. Lo pasamos fantástico, la multitud del major ánimo y con las elecciones a menos de una semana encontramos numerosos Obamas, Palins y McCains deambulando por las calles. Desde un tipo escencialmente desnudo, usando un g-string que solo le cubría el estricto mínimo necesario, con diez centímetros cuadrados de paño.
Alrededor de media noche llegamos de vuelta al edificio, cansados, y apenas entramos al lobby nos cayó encima el gorila a pedir disculpas y decinos que subiéramos a disfrutar de la fiesta. Y detrás de él aparece otro tipo explicando que lamentaba mucho el error y que por favor disculpara, que él era el “party planner” responsible de todo y de paso ahí tienes mi tarjeta por si necesitas mis servicios. Lo quedé mirando con cara de indignación y me fui a dormir, a pesar de la fuerte música que retumbaba en el patio interior de edificio, hacia donde da mi dormitorio.
A algun hora logré dormirme, cuando de pronto me despierta un zumbido fuertísimo que resuena por todo el edificio. Pensé que algo seguían haciendo en el penthouse, limpiando con algun equipo sumamente ruidoso, lo que me pareció un descriterio enorme. Me asomé a la escalera de incendios y al ascensor a ver si algo pasaba, pero nada. Volví a la cama, y no me había vuelto a dormir cuando oigo unos golpes violentos en la puerta de mi departamento. Me puse la bata y partí a ver que pasaba, y al abrir la puerta me encuentro con un bombero full equipo. Era de verdad, no uno disfrazado de bombero. Me quedó mirando y me preguntó si estaba todo bien, y si los rociadores anti-incendio se habían disparado. Le dije que no, que todo estaba bien y quedó conforme. Volví a la cama pero me quedó la duda acerca de que estaba pasando y me levanté de nuevo y me asomé a mirar por la ventana hacia la calle. Había por lo menos tres carros bomba y un gentío mirando, como cuando hay un incendio. Me asusté y baje un piso hacia la calle a ver que pasaba. “Water flow alarm”, me dijo el bombero al que le pregunté. Aparentemente alguien abrió una valvula del sistema anti-incendios del edificio en el medio de la borrachera.
Decidí volver a subir, pero me encontré con otro grandote, esta vez del departamento de bomberos, NYFD, que me impidió entrar al edificio. Ni aunque mi mujer estuviera durmiendo arriba. Tuve que esperar un rato y subir cuando lo autorizaron.
Al día siguiente me encontré con la vecina del 5o piso, indignada porque había llegado de un viaje esa mañana y el ascensor no funcionaba, y no solo eso, el edificio estaba abierto de par en par. Llamó al “Superintendent”, es decir el encargado del edificio, y éste no tenía idea de la fiesta ni de los problemas. Se sorprendió mucho cuando le dije lo que había pasado la noche anterior.
A eso de las 10 de la mañana me llamó un tipo que vive en a media cuadra, en la misma manzana que nuestro edificio. En un tono bastante agresivo, me pregunto que con quién podía hablar de la grosera fiesta de la noche anterior, a lo que le contesté que con el anfitrión de la fiesta, nuestro vecino del 6o piso. Le dije que a mi me indignaba tanto como a él la fiestecita, ya que no me había dejado dormir mas todo el escándalo en el edificio. Este vecino está involucrado en una asociación de vecinos, y me dijo que a través de la asociación iban a tartar de reclamar. Me mencionó que había llamado a la policía varias veces durante la noche, pero que nunca habían venido, aparentemete con la excusa que en la noche de Halloween tenían cosas más importantes que hacer que pedirle a alguien que baje el volumen de la música.
Un par de horas después, en el ascensor del edificio me encontré con el anfitrión de la fiesta, el famoso Jamie. Me dijo casualmente, disculpas por lo de anoche. No se a que te refieres le dije, si a la música escandalosa, a los daños y el escándalo con los bomberos o al descriterio de los gorilas que contrataste para controlar el acceso al edificio sin pedirle autorización a los dueños. Con una respuesta de niño malcriado me dijo, “¿Como que gorilas? ¡¡Si eran policías del NYPD!!” Como si el hecho de que su “conserje” hubiera contratado policies lo pusiera por sobre la ley, y por sobre los reclamos de los dueños acerca del abuso al que nos sometió.
Con esa explicación entiendo por que la policía no vino a pesar de todos los reclamos del vecino del otro edificio. No iban a venir a interrumpir el trabajo extracurricular de sus colegas. ¡Háblenme de corrupción!.
La policía de esta ciudad no sólo es corrupta, como lo demuestra esa pésima experiencia, sino que además son de una brutalidad impresionante. No saben hablarle a la gente, todo es a gritos, como si estuvieran tratando con animales o temiendo que si no gritan la gente no los va a respetar, porque son unos corruptos podridos y sólo los respetan porque les temen. Suena a país tercermundista, pero es la realidad de Nueva York. Es cierto que mantienen el órden, y que hoy la ciudad está más segura que hace 15 años cuando Giuliani empezó a enfrentar el crimen. Pero en parte lo han hecho violando los derechos individuales en pequeña escala, esa escala que es “as much as you can get away with”, lo justo para que a la gente no le valga la pena iniciar una demanda contra la policía, pero que te irrita y te hace sentir impotente y violado. Y también, aunque menos seguido, violan los derechos individuales en serio, cada tanto sale algún apaleado reclamando públicamente, o algun muerto al que balearon desarmado, como el negro que balearon en Brooklyn hace un tiempo cuando salía de su fiesta de compromiso de matrimonio.
Yo era ingenuo y confiaba en la policía, los veía como de mi lado, porque soy respetuoso de la ley, pero en este país he perdido esa confianza. Aquí muchos policías están del lado de la ley mietras los están mirando y controlando, y el resto del tiempo se esfuerzan para sacar el máximo provecho abusando del poder que les da el sistema. ¿Es la naturaeza humana? En parte, pero también es una mala selección del personal de policía. Hay algunos que están ahí por vocación, pero muchos van a parar al departamento de policía porque no tienen muchas otras opciones. Y eso sumado a un ambiente generalizado que se ha creado por la “Guerra contra el terror” de que la “seguridad” tiene prioridad ante todo lo demás, hace que se sientan autorizados para abusar. Espero que al menos el ambiente de tolerancia a las violaciones de los derechos individuales cambia con el próximo gobierno.
Sunday, December 21, 2008
Monday, November 3, 2008
OBAMA
Ya es día de elecciones en USA. Y estoy por Obama. Espero verlo ganar hoy por muchas razones. Mi decisión no es sólo un rechazo a las lamentables política del gobierno de Bush, no es sólo "voto de rechazo". Es también un voto de esperanza en este país, en su capacidad impresionante para enmendar rumbos y volver a tomar el liderazgo de los países que creen en la libertad, que no tienen las verdades absolutas, pero que son capaces de ir mejorando poco a poco corrigiendo errores porque se saben tremendamente imperfectos. Le tengo fe a Obama, aunque no esté de acuerdo con algunas de sus medidas específicas, creo que la ecuación total es infinitamente superior a la que ofrece el partido republicano del que McCain se ha hecho prisionero.
Tenemos por delante un día que seguramente nos traerá emociones fuertes. Creo que Obama ganará, y que habrá muchos que hoy apoyan a Mc Cain que se darán cuenta después de que gane de que lo que viene es importante, y se sabrán suma a un periodo de menos odio y polarización que el que hemos vivido.
Espero volver a ver a este país orgulloso de su libertad, y que el miedo, el odio, la codicia y el egoismo sean reemplazadas por la esperanza, la compasión, la tolerancia y el amor por la libertad. ¡Buena suerte Barack!
Tenemos por delante un día que seguramente nos traerá emociones fuertes. Creo que Obama ganará, y que habrá muchos que hoy apoyan a Mc Cain que se darán cuenta después de que gane de que lo que viene es importante, y se sabrán suma a un periodo de menos odio y polarización que el que hemos vivido.
Espero volver a ver a este país orgulloso de su libertad, y que el miedo, el odio, la codicia y el egoismo sean reemplazadas por la esperanza, la compasión, la tolerancia y el amor por la libertad. ¡Buena suerte Barack!
Monday, October 27, 2008
El miedo a la libertad
Mientras las bolsas del mundo siguen derrumbándose, el fin de semana fue atípico. El sábado jugamos póker con un grupo que juntó Peter, que es abogado dedicado a la industria de la entretención, para lo que nos fuimos al Soho House, un club privado del que Peter se siente muy orgulloso de ser miembro.
Me gusta jugar Texas Hold’em, y no jugamos por plata, sino que por fichas. Lo malo de ese grupo es que la mitad de los participantes no tenían mayor idea de cómo jugar, lo que lo hizo bastante latero. Espero que con el tiempo se haga rutina y vayan mejorando.
Jugar por fichas y sin plata no es opcional. Jugar por plata es ilegal en New York, y en ese caso mis fichas se convierten en un “gambling device” y pueden ser requisadas. Aunque sea en un recinto privado. Eso es en este país supuestamente de grandes libertades. Es curioso, pero el origen religioso de las colonias inglesas en Norteamérica todavía pesa muchísimo en las leyes que restringen fuertemente la libertad para “pecar”. El juego de azar está estrictamente prohibido, de la misma forma que la prostitución, y en muchos estados la venta de alcohol los domingos o la venta de alcohol por privados. En New York no puedes salir de un bar a la calle con un trago en la mano: te multa la policía. Tampoco se puede tomar alcohol en la calle o estar en lugares públicos con un envase de alcohol destapado. Hace años la gente que quería tomar en la calle ponía la botella en una bolsa de papel y tomaba igual, si no se veía el envase no había problema. Ahora ni eso se puede.
El domingo me fui en auto con dos amigos de paseo a Connecticut, a visitar algunos de esos simpáticos pueblitos de New England, con sus casitas antiguas de madera perfectamente pintadas y muchas convertidas en galerías de arte y tiendas o restaurantes para atraer neoyorquinos de fin de semana, como nosotros. Mis amigos, Chris, australiano, y James, americano de Long Island, hace mucho que no salían de la ciudad. De hecho hace un par de semanas fuimos al Brooklyn Museum a ver la muestra de Gilbert&George (muy recomendable), James se sentía incómodo por salir de Manhattan, ¡aunque fuera 40 minutos en taxi dentro de la misma ciudad!.
Fuimos a Kent y Litchfield, pueblitos del noreste del estado, almorzamos en Kent y a la vuelta paramos a comer en Greenwich, en un restaurante Tailandés frente a la estación. Buen curry.
La conversación durante el paseo fue interesante. Política por supuesto. Todos pro-Obama, por lo que poca controversia o desafío en la discusión. El tema que salió fue el gran error de Bush en la forma que reaccionó a los ataques terroristas del 2001, en que en vez de tomar una posición de enfrentar a los terroristas con más libertad y aceptando que la libertad nos expone al terrorismo de unos pocos fanáticos, tomó la posición de que se puede tener seguridad casi absoluta, para lo cuál habría que sacrificar libertades civiles. Y salió el Patriot Act, en un ambiente creado por el liderazgo político que hacía imposible oponerse sin destrozar una carrera política por ser “anti-americano”. Y surgieron esos slogan como “O estás con nosotros o estás con el terrorismo”. Y esta nación libre, poderosa y orgullosa se humilló, recortando libertades civiles y mostrando su miedo a los terroristas, encerrándose en su caparazón, maltratando a los extranjeros y atacando países que nada tenían que ver con el asunto. El gobierno republicano ha cambiado la imagen de la nación del hombre valiente, luchador por la libertad, el del lema “Give me freedom or give me death” por una nación asustada, dispuesta a transar sus libertades por una ilusión de seguridad. Dándole una importancia enorme a cada pequeño acto terrorista, aumentando así la vulnerabilidad del sistema, y haciendo más efectiva la labor del terrorista.
¿No hubiese tenido mas sentido decirle al americano medio que el terrorismo es parte de la vida en libertad? Que se va a hacer lo que se pueda por proteger al pueblo de los terroristas, pero no se va a reducir la libertad, porque eso es justamente lo que los terroristas querían. Que los americanos sintieran miedo y quitaran prioridad a la libertad con tal de tener seguridad. Y lo lograron, porque el gobierno de Bush decidió darles esa victoria haciendo mella en las libertades civiles. En vez de decirle a los atacantes, ¿saben qué? nos defenderemos pero no les tememos, asumiremos el costo de ser libres, y sus ataques no nos afectarán, será "business as usual". Como lo hizo Gran Bretaña frente al terrorismo del IRA en su época.
Este sólo hecho me parece suficiente para rechazar la posibilidad de un nuevo gobierno republicano. Y tengo fe en que esta no es una nación de cobardes, y que va a volver a primar el orgullo de ser libres por sobre la ilusión de mantener una garantía de vida cómoda y sin sobresaltos.
Me gusta jugar Texas Hold’em, y no jugamos por plata, sino que por fichas. Lo malo de ese grupo es que la mitad de los participantes no tenían mayor idea de cómo jugar, lo que lo hizo bastante latero. Espero que con el tiempo se haga rutina y vayan mejorando.
Jugar por fichas y sin plata no es opcional. Jugar por plata es ilegal en New York, y en ese caso mis fichas se convierten en un “gambling device” y pueden ser requisadas. Aunque sea en un recinto privado. Eso es en este país supuestamente de grandes libertades. Es curioso, pero el origen religioso de las colonias inglesas en Norteamérica todavía pesa muchísimo en las leyes que restringen fuertemente la libertad para “pecar”. El juego de azar está estrictamente prohibido, de la misma forma que la prostitución, y en muchos estados la venta de alcohol los domingos o la venta de alcohol por privados. En New York no puedes salir de un bar a la calle con un trago en la mano: te multa la policía. Tampoco se puede tomar alcohol en la calle o estar en lugares públicos con un envase de alcohol destapado. Hace años la gente que quería tomar en la calle ponía la botella en una bolsa de papel y tomaba igual, si no se veía el envase no había problema. Ahora ni eso se puede.
El domingo me fui en auto con dos amigos de paseo a Connecticut, a visitar algunos de esos simpáticos pueblitos de New England, con sus casitas antiguas de madera perfectamente pintadas y muchas convertidas en galerías de arte y tiendas o restaurantes para atraer neoyorquinos de fin de semana, como nosotros. Mis amigos, Chris, australiano, y James, americano de Long Island, hace mucho que no salían de la ciudad. De hecho hace un par de semanas fuimos al Brooklyn Museum a ver la muestra de Gilbert&George (muy recomendable), James se sentía incómodo por salir de Manhattan, ¡aunque fuera 40 minutos en taxi dentro de la misma ciudad!.
Fuimos a Kent y Litchfield, pueblitos del noreste del estado, almorzamos en Kent y a la vuelta paramos a comer en Greenwich, en un restaurante Tailandés frente a la estación. Buen curry.
La conversación durante el paseo fue interesante. Política por supuesto. Todos pro-Obama, por lo que poca controversia o desafío en la discusión. El tema que salió fue el gran error de Bush en la forma que reaccionó a los ataques terroristas del 2001, en que en vez de tomar una posición de enfrentar a los terroristas con más libertad y aceptando que la libertad nos expone al terrorismo de unos pocos fanáticos, tomó la posición de que se puede tener seguridad casi absoluta, para lo cuál habría que sacrificar libertades civiles. Y salió el Patriot Act, en un ambiente creado por el liderazgo político que hacía imposible oponerse sin destrozar una carrera política por ser “anti-americano”. Y surgieron esos slogan como “O estás con nosotros o estás con el terrorismo”. Y esta nación libre, poderosa y orgullosa se humilló, recortando libertades civiles y mostrando su miedo a los terroristas, encerrándose en su caparazón, maltratando a los extranjeros y atacando países que nada tenían que ver con el asunto. El gobierno republicano ha cambiado la imagen de la nación del hombre valiente, luchador por la libertad, el del lema “Give me freedom or give me death” por una nación asustada, dispuesta a transar sus libertades por una ilusión de seguridad. Dándole una importancia enorme a cada pequeño acto terrorista, aumentando así la vulnerabilidad del sistema, y haciendo más efectiva la labor del terrorista.
¿No hubiese tenido mas sentido decirle al americano medio que el terrorismo es parte de la vida en libertad? Que se va a hacer lo que se pueda por proteger al pueblo de los terroristas, pero no se va a reducir la libertad, porque eso es justamente lo que los terroristas querían. Que los americanos sintieran miedo y quitaran prioridad a la libertad con tal de tener seguridad. Y lo lograron, porque el gobierno de Bush decidió darles esa victoria haciendo mella en las libertades civiles. En vez de decirle a los atacantes, ¿saben qué? nos defenderemos pero no les tememos, asumiremos el costo de ser libres, y sus ataques no nos afectarán, será "business as usual". Como lo hizo Gran Bretaña frente al terrorismo del IRA en su época.
Este sólo hecho me parece suficiente para rechazar la posibilidad de un nuevo gobierno republicano. Y tengo fe en que esta no es una nación de cobardes, y que va a volver a primar el orgullo de ser libres por sobre la ilusión de mantener una garantía de vida cómoda y sin sobresaltos.
Friday, October 24, 2008
El gobierno de los contribuyentes
Con el confuso mensaje que el mundo recibió del congreso de Estados Unidos y su rechazo al paquete de rescate financiero, se destrozaron las bolsas del mundo ese martes, y cuando por fin se logró un acuerdo para llevar el paquete de rescate nuevamente a votación en el congreso y pasarlo, el viernes de esa semana, algo había pasado con la confianza. El paquete no logró hacer la diferencia que esperaban sus proponentes, y el escenario de fin de mundo se vino en encima a una velocidad impresionante. El paquete venía con muchas ataduras y restricciones no iba a ser fácil usarlos. Los bancos dejaron de prestarse unos a otros, y los que se percibían más débiles se quedaron secos. Las empresas no conseguían préstamos para financiar capital de trabajo, es decir para pagar sueldos y comprar materia prima o inventario mientras llegan las ventas, la gente empezaba a guardar su dinero por si perdían el trabajo. Otras empresas, las que tenían liquidez, empezaron a preocuparse más de proteger su dinero que de su propio negocio. Repartirlo entre varios bancos para quedar cubiertos en cada uno de ellos por el seguro federal, FDIC.
El dólar dejó de fluir hacia otros países y los bancos europeos quedaron en la mira, después de todo, también tenían grandes exposiciones a las hipotecas americanas además de las propias del Reino Unido y España dónde los valores de las propiedades se han derrumbado en los últimos meses. El pánico cundió. El horror de la depresión estaba frente a todo el mundo, de esta no se iba a escapar nadie.Las bolsas de India y China, las joyitas de los mercados emergentes por el enorme crecimiento de los últimos años, siguieron camino a un abismo que no parecía tener fondo. Los precios de las materias primas se fueron al suelo previendo una menor demanda, lo que hizo que las monedas de los países exportadores de materias primas, como la mayor parte de Sudamérica, Australia, Canadá y Rusia, cayeran bruscamente. Lo que causó pánico financiero en esos países y repentinamente todo el mundo se encontró en crisis. El Real brasileño se fue de andar por 1,5 por dólar a 2,5 por dólar en el peor momento. El Peso chileno de 530 a 625, el peso mexicano de 10 a 14. El mundo en que todos se endeudaban en dólares se volvió un campo minado, lleno de empresas que estaban por enfrentar un a deuda mayor por la devaluación, menores ventas, por la recesión que se venía fuerte, asegurando que muchas iban a tener serios problemas. Siguieron cayendo las bolsas. La espiral negativa de la que hablaron los expertos se estaba dando en forma inimaginable. Y nadie sabía que hacer. El pánico de un mercado viendo que el mundo está a cargo de un señor Bush, acompañado de gente ideologizada que creen que la intervención del gobierno es siempre mala. De los que extremistas de la libertad económica. Que se jodan, que el mercado lo va a arreglar. Las bolsas del mundo cayeron, y cayeron, y cayeron, todos vendiendo a lo que sea. La bolsa de Nueva York cayó 25 % en dos semanas. 9 % en un día, algo nunca visto desde el crash de 1929 y la depresión de los años 30.
Europa hizo un intento por actuar coordinadamente, pero en definitiva cada país fue a ver cómo se apeaba en esta crisis, generando más desconfianza. Falta de liderazgo en un lado del Atlántico, falta de gobierno en el otro.
Los bancos de Islandia, un paisito de 300.000 escandinavos que viven en una isla en el Atlántico norte, se fueron a la bancarrota, y como eran más grandes que su propio país porque tenían enormes operaciones en el extranjero, arrastraron al país completo, que no tuvo como darle apoyo a sus bancos. La moneda, Krona islandesa, se esfumo, perdiendo casi dos tercios de su valor, y nadie la quiere recibir, lo que la ha vuelto inconvertible. Los precios en dólares de vacaciones en Islandia se abarataron enormemente, y un amigo me decía que ahora puedes quedarte en buenos hoteles por precios que van entre 30 y 80 dólares. Los bancos islandeses crearon problemas para los ingleses, ya que pagando tasas de interés más altas, habían captado depósitos en Inglaterra en grandes cantidades. Al irse a la bancarrota, esa gente, entre los que había también empresas y municipios ingleses, iban a perder su dinero, por lo que el gobierno británico tuvo que garantizar esos depósitos, con dinero de los contribuyentes ingleses por supuesto, para evitar la cadena de males mayores que se pondría en marcha si no lo hacían. Y anunció que demandaría al estado islandés para recuperar ese dinero. Le deseo la mejor de las suertes, demandar a Islandia en estos momentos debe ser como demandar a Argentina en el 2002. Curioso esto de las estadísticas, Islandia era hasta hace poco algo así como el cuarto país más rico del mundo sobre la base del ingreso per capita de $ 80.000 dólares que tenía. También tiene uno de los mayores índices de desarrollo humano, típico de los países escandinavos. Espero que el stress de esta situación no los haga retroceder demasiado. El ingreso per capita va a caer mucho, pero van a seguir viviendo muy civilizadamente, aunque se van a tener que tener paciencia, ya que no me extrañaría que los empiecen a visitar las hordas de brasileños que van a Disney World, ahora que la Krona no vale nada.
Pero no habrá brasileños paseando por el mundo y conquistando rubias en Islandia si los mercados financieros no se estabilizan. Y si se lo dejamos a los extremistas de la libertad económica, nos vamos directo a la depresión de los años 30.
La única manera de destrabar el flujo de crédito y de recobrar la confianza en y entre las instituciones financieras del mundo es que los gobiernos de los países más fuertes apoyen a sus bancos en forma decidida, y hasta garanticen los pasivos de esos bancos, de manera que los acreedores puedan conocer el riesgo de lo que están asumiendo al prestarle a un banco. Porque hasta ahora estaban todos a oscuras, prestarle a cualquier banco se podía convertir en una desagradable sorpresa de pérdida. Y ante la duda, todos se abstienen.
Durante el fin de semana recién pasado y el lunes, los Bancos Centrales de los países desarrollados, en forma coordinada por fin, anunciaron medidas de garantías y capitalización para los bancos, de manera de recuperar la confianza. En Estados Unidos, que el lunes estaba con feriado bancario por el “Día de (Cristóbal) Colón”, se anunció de amanecida el martes, que el gobierno le había aportado 150 mil millones de dólares a los principales bancos del país, y que les garantizará los nuevos pasivos. El gobierno federal de Estados Unidos pasó a ser el accionista mas grande de empresas como Goldman Sachs, Citigroup y otros. Claro que sin derecho a voto . Por fin, los republicanos se soltaron las amarras ideológicas que los tenían paralizados, e intervinieron el mercado fuerte mente para tratar de recuperar la confianza en el sistema financiero. Pero intervinieron sin perjudicar a los accionistas de los bancos, por el contrario, los favorecieron porque las acciones financieras subieron. Es que confianza y el precio de las acciones de los bancos se tienden a confundir, además seria un golpe muy fuerte que el gobierno los afectara. Por otra parte, los accionistas tienen poco que decir sobre como se manejan los bancos, o cualquier otra empresa norteamericana que sea abierta en bolsa y con la propiedad dispersa. El sistema de selección de los directorios, y digo selección porque no es elección, está diseñado para que a los accionistas les sea muy difícil intervenir en como se manejan las empresas, aún cuando se manejan tan mal como se han manejado los grandes bancos últimamente. Los directorios se auto perpetúan con la complicidad de los gerentes, que también son parte de los directorios. No tiene nada que ve con el sistema que conocemos en Chile, donde las minorías pueden nombrar directores, y dónde a los gerentes se les prohíbe ser directores. Esa es la única forma de explicar que con los desastres que hemos viso en los bancos, los directorios de esas honorables instituciones siguen prácticamente intactos. Cuando ha habido cambios ha sido el propio directorio que ha destituido a uno de sus miembros, generalmente el CEO, o sea el gerente general que también es director. Y ahora que el gobierno les pone plata, los que siguen dándole “dirección estratégica” y “supervisando” a los gerentes son los mismos que presidieron el desastre en el que están metidos. Sólo que ahora que no pueden conseguir más dinero prestado, y ahora se los pasa el gobierno.
Creo que esto no tiene ningún sentido, y mas temprano que tarde la sociedad americana les va a hacer pagar caro. Va a venir regulación y supervisión muy fuerte, y creo que esta vez va a ser coordinada entre países desarrollados, y así no va a valer el argumento de que si los regulan muy fuerte el negocio se va a ir al extranjero. ¿Dónde se van a ir? ¿a Islandia?
El dólar dejó de fluir hacia otros países y los bancos europeos quedaron en la mira, después de todo, también tenían grandes exposiciones a las hipotecas americanas además de las propias del Reino Unido y España dónde los valores de las propiedades se han derrumbado en los últimos meses. El pánico cundió. El horror de la depresión estaba frente a todo el mundo, de esta no se iba a escapar nadie.Las bolsas de India y China, las joyitas de los mercados emergentes por el enorme crecimiento de los últimos años, siguieron camino a un abismo que no parecía tener fondo. Los precios de las materias primas se fueron al suelo previendo una menor demanda, lo que hizo que las monedas de los países exportadores de materias primas, como la mayor parte de Sudamérica, Australia, Canadá y Rusia, cayeran bruscamente. Lo que causó pánico financiero en esos países y repentinamente todo el mundo se encontró en crisis. El Real brasileño se fue de andar por 1,5 por dólar a 2,5 por dólar en el peor momento. El Peso chileno de 530 a 625, el peso mexicano de 10 a 14. El mundo en que todos se endeudaban en dólares se volvió un campo minado, lleno de empresas que estaban por enfrentar un a deuda mayor por la devaluación, menores ventas, por la recesión que se venía fuerte, asegurando que muchas iban a tener serios problemas. Siguieron cayendo las bolsas. La espiral negativa de la que hablaron los expertos se estaba dando en forma inimaginable. Y nadie sabía que hacer. El pánico de un mercado viendo que el mundo está a cargo de un señor Bush, acompañado de gente ideologizada que creen que la intervención del gobierno es siempre mala. De los que extremistas de la libertad económica. Que se jodan, que el mercado lo va a arreglar. Las bolsas del mundo cayeron, y cayeron, y cayeron, todos vendiendo a lo que sea. La bolsa de Nueva York cayó 25 % en dos semanas. 9 % en un día, algo nunca visto desde el crash de 1929 y la depresión de los años 30.
Europa hizo un intento por actuar coordinadamente, pero en definitiva cada país fue a ver cómo se apeaba en esta crisis, generando más desconfianza. Falta de liderazgo en un lado del Atlántico, falta de gobierno en el otro.
Los bancos de Islandia, un paisito de 300.000 escandinavos que viven en una isla en el Atlántico norte, se fueron a la bancarrota, y como eran más grandes que su propio país porque tenían enormes operaciones en el extranjero, arrastraron al país completo, que no tuvo como darle apoyo a sus bancos. La moneda, Krona islandesa, se esfumo, perdiendo casi dos tercios de su valor, y nadie la quiere recibir, lo que la ha vuelto inconvertible. Los precios en dólares de vacaciones en Islandia se abarataron enormemente, y un amigo me decía que ahora puedes quedarte en buenos hoteles por precios que van entre 30 y 80 dólares. Los bancos islandeses crearon problemas para los ingleses, ya que pagando tasas de interés más altas, habían captado depósitos en Inglaterra en grandes cantidades. Al irse a la bancarrota, esa gente, entre los que había también empresas y municipios ingleses, iban a perder su dinero, por lo que el gobierno británico tuvo que garantizar esos depósitos, con dinero de los contribuyentes ingleses por supuesto, para evitar la cadena de males mayores que se pondría en marcha si no lo hacían. Y anunció que demandaría al estado islandés para recuperar ese dinero. Le deseo la mejor de las suertes, demandar a Islandia en estos momentos debe ser como demandar a Argentina en el 2002. Curioso esto de las estadísticas, Islandia era hasta hace poco algo así como el cuarto país más rico del mundo sobre la base del ingreso per capita de $ 80.000 dólares que tenía. También tiene uno de los mayores índices de desarrollo humano, típico de los países escandinavos. Espero que el stress de esta situación no los haga retroceder demasiado. El ingreso per capita va a caer mucho, pero van a seguir viviendo muy civilizadamente, aunque se van a tener que tener paciencia, ya que no me extrañaría que los empiecen a visitar las hordas de brasileños que van a Disney World, ahora que la Krona no vale nada.
Pero no habrá brasileños paseando por el mundo y conquistando rubias en Islandia si los mercados financieros no se estabilizan. Y si se lo dejamos a los extremistas de la libertad económica, nos vamos directo a la depresión de los años 30.
La única manera de destrabar el flujo de crédito y de recobrar la confianza en y entre las instituciones financieras del mundo es que los gobiernos de los países más fuertes apoyen a sus bancos en forma decidida, y hasta garanticen los pasivos de esos bancos, de manera que los acreedores puedan conocer el riesgo de lo que están asumiendo al prestarle a un banco. Porque hasta ahora estaban todos a oscuras, prestarle a cualquier banco se podía convertir en una desagradable sorpresa de pérdida. Y ante la duda, todos se abstienen.
Durante el fin de semana recién pasado y el lunes, los Bancos Centrales de los países desarrollados, en forma coordinada por fin, anunciaron medidas de garantías y capitalización para los bancos, de manera de recuperar la confianza. En Estados Unidos, que el lunes estaba con feriado bancario por el “Día de (Cristóbal) Colón”, se anunció de amanecida el martes, que el gobierno le había aportado 150 mil millones de dólares a los principales bancos del país, y que les garantizará los nuevos pasivos. El gobierno federal de Estados Unidos pasó a ser el accionista mas grande de empresas como Goldman Sachs, Citigroup y otros. Claro que sin derecho a voto . Por fin, los republicanos se soltaron las amarras ideológicas que los tenían paralizados, e intervinieron el mercado fuerte mente para tratar de recuperar la confianza en el sistema financiero. Pero intervinieron sin perjudicar a los accionistas de los bancos, por el contrario, los favorecieron porque las acciones financieras subieron. Es que confianza y el precio de las acciones de los bancos se tienden a confundir, además seria un golpe muy fuerte que el gobierno los afectara. Por otra parte, los accionistas tienen poco que decir sobre como se manejan los bancos, o cualquier otra empresa norteamericana que sea abierta en bolsa y con la propiedad dispersa. El sistema de selección de los directorios, y digo selección porque no es elección, está diseñado para que a los accionistas les sea muy difícil intervenir en como se manejan las empresas, aún cuando se manejan tan mal como se han manejado los grandes bancos últimamente. Los directorios se auto perpetúan con la complicidad de los gerentes, que también son parte de los directorios. No tiene nada que ve con el sistema que conocemos en Chile, donde las minorías pueden nombrar directores, y dónde a los gerentes se les prohíbe ser directores. Esa es la única forma de explicar que con los desastres que hemos viso en los bancos, los directorios de esas honorables instituciones siguen prácticamente intactos. Cuando ha habido cambios ha sido el propio directorio que ha destituido a uno de sus miembros, generalmente el CEO, o sea el gerente general que también es director. Y ahora que el gobierno les pone plata, los que siguen dándole “dirección estratégica” y “supervisando” a los gerentes son los mismos que presidieron el desastre en el que están metidos. Sólo que ahora que no pueden conseguir más dinero prestado, y ahora se los pasa el gobierno.
Creo que esto no tiene ningún sentido, y mas temprano que tarde la sociedad americana les va a hacer pagar caro. Va a venir regulación y supervisión muy fuerte, y creo que esta vez va a ser coordinada entre países desarrollados, y así no va a valer el argumento de que si los regulan muy fuerte el negocio se va a ir al extranjero. ¿Dónde se van a ir? ¿a Islandia?
Sunday, October 19, 2008
La tecnología mató la democracia
El patético espectáculo de la política norteamericana en las últimas semanas me hace pensar en el fin de la democracia representativa. Esa democracia a la que se refieren cuando dicen que la democracia es el menos malo de los sistemas de gobierno.
La democracia en la que los ciudadanos eligen representantes para que tomen las decisiones de gobierno, en lo posible gente relativamente más preparada y que a la hora de tomar las decisiones lo hará buscando lo mejor para sus representados y para el país como un todo, y por supuesto bien informado de los temas sobre los que decidirá.
A veces el representante no decidirá igual como su representado, porque el representante tendrá mejor información y mayor capacidad de análisis al contar con un equipo técnico que le ayuda en eso. A veces tomará decisiones que en el corto plazo serán mal vistas por el electorado, pero que son necesarias por el bien del país en el mediano o largo plazo. El representante debería ser capaz también de pensar en los efectos que tendrán sus decisiones sobre generaciones futuras, tal como lo hace el electorado con su familia.
La capacidad de tomar decisiones teniendo el bien común como objetivo, aún cuando la decisión sea impopular en el corto plazo es lo que identifica a un estadista. Y el tomar decisiones que en definitiva son contrarias al bien común sólo porque son populares frente a los votantes en el momento de la decisión.
Obviamente lo que aquí está implícito es que los votantes no necesariamente saben elegir lo que es correcto, pero que alguien preparado e informado sí sabe, lo que se puede ver como una posición algo arrogante y elitista. Va contra la visión corriente que dice que el electorado es sabio.
Pero todos hemos visto alguna vez lo cambiante que es la opinión pública, y dejar las decisiones de estado a la veleidosa opinión de las masas puede ser peligroso. La gente común no tiene ni la posibilidad ni muchas veces la capacidad para informarse adecuadamente sobre los temas a decidir. Pero la televisión de noticias permanentes, desde CNN, CNBC, Fox News en Estados Unidos hasta versiones criollas en América Latina y sus equivalentes en Europa, Asia y el Medio Oriente, bombardean al ciudadano común y corriente con una extrema reducción de temas complejos a “sound bites”, frases cortas comprensibles para el televidente que no tiene una capacidad de atención para el tema más allá de unos pocos segundos. “Debemos proteger el dinero del contribuyente, ¡no al salvataje de los bancos!”. “Somos un país de leyes, hagamos cumplir la ley, fuera todos los inmigrantes ilegales”. “¿Quién es verdaderamente Barack Hussein Obama?”. “No se puede profitar con con la salud”. “Educadores con fines de lucro”. “Universidad para todos”. “El drama de los deudores hipotecarios”. Y así sucesivamente. Un bombardeo que a veces puede ir acompañado por mayores antecedentes en algunos programas de opinión o de investigación periodística, lo que causa que a los pocos minutos de análisis la capacidad de comprensión o el interés de la gran mayoría de los televidentes se ve superada y cambia de canal o apaga el televisor.
Y en ese momento entran en escena las empresas que se dedican a encuestar la opinión pública. Con sus propias frases cortas, preguntas relativamente simples, fáciles de entender para una persona común y corriente sobre simplifican nuevamente un tema complejo y salen a sacar una muestra de la opinión de la gente sobre un tema en particular. Que si está a favor de rescatar a los bancos con 750 mil millones de dólares de los contribuyentes. O si cree que se debe construir un muro para que no entren ilegales al país. Etc., etc.
La industria de encuestas es gigantesca. Se pregunta de todo, y se le presenta perfectamente tabulado y simplificado a los asesores de los políticos que la gente ha elegido para que la represente en el gobierno. Y los asesores le dan instrucciones a los representantes de cómo deben tomar sus decisiones para que se maximice su popularidad entre sus votantes. Las “bases” o los “constituyentes” como los llaman por ahí.
Es cierto que los representantes a veces toman decisiones impopulares, pero no es lo corriente, y generalmente ocurre cuando no hay elecciones a la vista, y faltan años para ponerse en modo de campaña electoral. Lo malo es que en los últimos tiempos las campañas empiezan cada vez más temprano. Bachelet apenas había sido elegida y ya había gente en pre-campaña para la siguiente elección presidencial. Y después vienen las elecciones municipales. Y el próximo año vienen en serio las presidenciales.
Lo peor es un gobierno, partido o coalición que tiene el poder y que ve que lo va a perder en alguna elección inminente. Y no me refiero a Chile. Me refiero a los republicanos del Estados Unidos de Bush.
Frente a la medida de rescatar al sector financiero en forma rápida y flexible, aprobando “gastar 750 mil millones de los contribuyentes para rescatar a los bancos que se metieron en problemas”, los representantes republicanos en el congreso dijeron que no. Votaron mayoritariamente en contra de la medida que el gobierno republicano estaba proponiendo. Ellos respondían al “clamor de los votantes” que habían sido encuestados y llamaban a los medios y a las oficinas de sus representantes a decirles que no iban a votar por quién apoyara tamaña injusticia para el hombre de la calle. A pesar de que los expertos en temas financieros, encabezados por el chairman Bernanke de la Reserva Federal y el secretario del tesoro Henry Paulson, estuvieron sentados días completos explicandole a los “representantes del pueblo” que si no se hacía el rescate se podía derrumbar el sistema financiero de Estados Unidos y eventualmente del mundo. Lo que traería una depresión profunda, con gran desempleo y pérdidas para todos. Una espiral negativa que se desataría por la restricción del crédito y la pérdida de confianza en las instituciones financieras. No faltó el que dijo que ese escenario de fin de mundo era una simple campaña del terror de los banqueros para hacerse del dinero de los contribuyentes.
La mayoría de los representantes republicanos y la minoría de los representantes demócratasen el congreso de Estados Unidos votaron en contra del paquete de rescate. No querían pagar el precio en las elecciones de noviembre próximo, porque los encuestadores ya habían hablado: el pueblo no quería que se usara el dinero de sus impuestos para rescatar a los banqueros que por lo demás son más ricos que la mayoría. Que se jodan y se las arreglen como puedan pero el dinero del contribuyente no se toca.
La democracia en la que los ciudadanos eligen representantes para que tomen las decisiones de gobierno, en lo posible gente relativamente más preparada y que a la hora de tomar las decisiones lo hará buscando lo mejor para sus representados y para el país como un todo, y por supuesto bien informado de los temas sobre los que decidirá.
A veces el representante no decidirá igual como su representado, porque el representante tendrá mejor información y mayor capacidad de análisis al contar con un equipo técnico que le ayuda en eso. A veces tomará decisiones que en el corto plazo serán mal vistas por el electorado, pero que son necesarias por el bien del país en el mediano o largo plazo. El representante debería ser capaz también de pensar en los efectos que tendrán sus decisiones sobre generaciones futuras, tal como lo hace el electorado con su familia.
La capacidad de tomar decisiones teniendo el bien común como objetivo, aún cuando la decisión sea impopular en el corto plazo es lo que identifica a un estadista. Y el tomar decisiones que en definitiva son contrarias al bien común sólo porque son populares frente a los votantes en el momento de la decisión.
Obviamente lo que aquí está implícito es que los votantes no necesariamente saben elegir lo que es correcto, pero que alguien preparado e informado sí sabe, lo que se puede ver como una posición algo arrogante y elitista. Va contra la visión corriente que dice que el electorado es sabio.
Pero todos hemos visto alguna vez lo cambiante que es la opinión pública, y dejar las decisiones de estado a la veleidosa opinión de las masas puede ser peligroso. La gente común no tiene ni la posibilidad ni muchas veces la capacidad para informarse adecuadamente sobre los temas a decidir. Pero la televisión de noticias permanentes, desde CNN, CNBC, Fox News en Estados Unidos hasta versiones criollas en América Latina y sus equivalentes en Europa, Asia y el Medio Oriente, bombardean al ciudadano común y corriente con una extrema reducción de temas complejos a “sound bites”, frases cortas comprensibles para el televidente que no tiene una capacidad de atención para el tema más allá de unos pocos segundos. “Debemos proteger el dinero del contribuyente, ¡no al salvataje de los bancos!”. “Somos un país de leyes, hagamos cumplir la ley, fuera todos los inmigrantes ilegales”. “¿Quién es verdaderamente Barack Hussein Obama?”. “No se puede profitar con con la salud”. “Educadores con fines de lucro”. “Universidad para todos”. “El drama de los deudores hipotecarios”. Y así sucesivamente. Un bombardeo que a veces puede ir acompañado por mayores antecedentes en algunos programas de opinión o de investigación periodística, lo que causa que a los pocos minutos de análisis la capacidad de comprensión o el interés de la gran mayoría de los televidentes se ve superada y cambia de canal o apaga el televisor.
Y en ese momento entran en escena las empresas que se dedican a encuestar la opinión pública. Con sus propias frases cortas, preguntas relativamente simples, fáciles de entender para una persona común y corriente sobre simplifican nuevamente un tema complejo y salen a sacar una muestra de la opinión de la gente sobre un tema en particular. Que si está a favor de rescatar a los bancos con 750 mil millones de dólares de los contribuyentes. O si cree que se debe construir un muro para que no entren ilegales al país. Etc., etc.
La industria de encuestas es gigantesca. Se pregunta de todo, y se le presenta perfectamente tabulado y simplificado a los asesores de los políticos que la gente ha elegido para que la represente en el gobierno. Y los asesores le dan instrucciones a los representantes de cómo deben tomar sus decisiones para que se maximice su popularidad entre sus votantes. Las “bases” o los “constituyentes” como los llaman por ahí.
Es cierto que los representantes a veces toman decisiones impopulares, pero no es lo corriente, y generalmente ocurre cuando no hay elecciones a la vista, y faltan años para ponerse en modo de campaña electoral. Lo malo es que en los últimos tiempos las campañas empiezan cada vez más temprano. Bachelet apenas había sido elegida y ya había gente en pre-campaña para la siguiente elección presidencial. Y después vienen las elecciones municipales. Y el próximo año vienen en serio las presidenciales.
Lo peor es un gobierno, partido o coalición que tiene el poder y que ve que lo va a perder en alguna elección inminente. Y no me refiero a Chile. Me refiero a los republicanos del Estados Unidos de Bush.
Frente a la medida de rescatar al sector financiero en forma rápida y flexible, aprobando “gastar 750 mil millones de los contribuyentes para rescatar a los bancos que se metieron en problemas”, los representantes republicanos en el congreso dijeron que no. Votaron mayoritariamente en contra de la medida que el gobierno republicano estaba proponiendo. Ellos respondían al “clamor de los votantes” que habían sido encuestados y llamaban a los medios y a las oficinas de sus representantes a decirles que no iban a votar por quién apoyara tamaña injusticia para el hombre de la calle. A pesar de que los expertos en temas financieros, encabezados por el chairman Bernanke de la Reserva Federal y el secretario del tesoro Henry Paulson, estuvieron sentados días completos explicandole a los “representantes del pueblo” que si no se hacía el rescate se podía derrumbar el sistema financiero de Estados Unidos y eventualmente del mundo. Lo que traería una depresión profunda, con gran desempleo y pérdidas para todos. Una espiral negativa que se desataría por la restricción del crédito y la pérdida de confianza en las instituciones financieras. No faltó el que dijo que ese escenario de fin de mundo era una simple campaña del terror de los banqueros para hacerse del dinero de los contribuyentes.
La mayoría de los representantes republicanos y la minoría de los representantes demócratasen el congreso de Estados Unidos votaron en contra del paquete de rescate. No querían pagar el precio en las elecciones de noviembre próximo, porque los encuestadores ya habían hablado: el pueblo no quería que se usara el dinero de sus impuestos para rescatar a los banqueros que por lo demás son más ricos que la mayoría. Que se jodan y se las arreglen como puedan pero el dinero del contribuyente no se toca.
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Tuesday, September 30, 2008
Políticos de fin de mundo
Hoy es un día que no se me va a olvidar muy fácil.
Esta mañana todo el mundo en Wall Street daba por hecho que se pasaría el plan de rescate para el sistema financiero de Estados Unidos. Podemos discutir largamente las razones por las que el mercado de crédito está paralizado en Estados Unidos, pero el hecho es que lo está, y que la economía está entrando en una espiral negativa como la que tuvimos en Chile el año 82 y que llevó a una reducción del ingreso de 14 % en ese año, con 30% de desempleo y multiplicidad de quiebras de empresas. El Secretario del Tesoro, Henry Paulson, negoció entre el viernes y el domingo con los líderes de los dos partidos, Demócrata y Republicano, para llegar a un acuerdo de texto para una ley que le permitiera al gobierno comprar préstamos de los bancos, para darles liquidez y certeza de valor a esos activos que han venido cayendo de valor cada día, consumiendo el capital de los bancos. Es lo que hizo caer a Bear Stearns hace unos meses, y a Lehman, Merrill Lynch, AIG y Washington Mutual la semana pasada.
Yo desperté esta mañana y oí el se anuncio que para evitar la quiebra de Wachovia, uno de los mayores bancos de Estados Unidos, sería absorbido por Citigroup con apoyo del FDIC, en una transacción negociada durante el fin de semana, y anunciada antes de las 8 de la mañana para que no hubiera corrida cuando abriera el lunes. También alcancé a ver a Bush anunciando que se llevaba el rescate financiero a ser aprobado por el congreso, dejando claro que la inacción no era una opción.
Pero algo olía mal esta mañana. Los mercados futuros de acciones apuntaban a la baja, y ya habían bajado los mercados en Asia y estaban bajando en Europa. En el camino a la oficina me tomé un break de 40 minutos para ir al kinesiólogo que me está ayudando con el dolor cervical. En la sala del centro de terapia física frente a Union Square era otro mundo. Nadie hablaba de bancos ni de rescates financieros. Los terapeutas hacían su trabajo en buena onda con sus pacientes en las camillas y máquinas del gimnasio, sin televisión que estuviera pasando los precios de las acciones ni comentaristas gritones opinando sobre todo y nada. Eso sería lo que los políticos llaman “Main Street”. La gente común y corriente de la calle. La conversación con Jon, mi terapeuta, gira alrededor de deportes, la bicicleta, el fútbol que juega en un equipo en una liga de Queens, de las ganas de que llegue el invierno para hacer snowboard. Que tal vez le gustaría conocer la Patagonia, porque sólo conoce Rio en Sudamérica.
Salí del oasis de la terapia y antes de entrar al Subway miré en mi iPhone cómo iba el Dow Jones a las 10 de la mañana. Ya iba más de 200 puntos abajo, lo que es una bajada fuerte, así que opté por apurarme en llegar a la oficina. Llegué allá y hablé con mis colegas, todos tranquilos, esperando que se aprobara el rescate en el congreso. El Dow seguía fluctuando entre 200 y 300 puntos abajo, mostrando la preocupación del mercado. Como a la 1 de la tarde, después de horas de estar mirando de reojo el televisor que tengo en la oficina puesto en el canal CNBC y viendo un anuncio de “votación inminente”, decidí subir a almorzar. En el comedor también hay televisor, una enorme pantalla plana al fondo de a sala, permanentemente en CNBC. Justo empezó la votación. En la pantalla apareció un cuadro que mostraba el avance de la votación, detallando cuantos demócratas y cuantos republicanos iban votando a favor o en contra.
Curiosamente desde que empecé a seguir la votación, la mayoría de los demócratas iban votando a favor la mayoría de los republicanos iban votando en contra.
Todos los que estábamos mirando pensamos en un comienzo que se iba a dar vuelta el resultado a medida que avanzara la votación. Total faltaban más de la mitad de los votos.
Avanzó la votación y la diferencia no disminuía, al revés, empeoraba y el voto republicano seguía en contra. Poco a poco se llegó a un punto en que resultó evidente que no pasaría la ley. Un recuadro del televisor mostraba el índice Dow Jones, que estaba bajando como un piano en caída libre. No había visto una cosa así en mi vida. Cayó en unos minutos hasta estar más de 600 puntos abajo para el día. Terminó la votación, con suficientes votos en contra para rechazar el proyecto de ley, y mantuvieron la votación abierta por si algunos quisieran cambiar su voto. Pero en unos minutos cerraron y dieron por rechazada la ley.
La cara de incredulidad de mis colegas era impresionante. Nadie podía creer lo que había pasado. Y no había nada que hacer sino observar las consecuencias. Comenzaron las patéticas explicaciones de los políticos. “Que los republicanos se ofendieron porque la líder de los demócratas y presidente de la cámara hizo un discurso partidista antes de comenzar de la votación, y por eso no pudieron votar a favor”. Les pedían votar a favor de una ley que propuso el gobierno de Bush, republicano. Para resolver un problema serio de su país, según el mismo presidente había dicho en su discurso esa mañana. Patética explicación. Mientras tanto el petróleo caía violentamente, y el cobre se había ido por debajo de 3 dólares por primera vez en mucho tiempo. La caída de los precios de las materias primas señalaban que el mercado veía una recesión mundial, no sólo un problema en Estados Unidos. Y por la vía de esos precios de materias primas la recesion va a golpear a América del Sur.
Bush ya no tiene peso político. No lo apoya ni su propio partido, ya no lo consideran un “lame duck” sino que un “dead duck”. El resultado de esta votación fue una más de los grandes desastres que ha causado el gobierno republicano, el broche de oro al término del gobierno de Bush. Después de meter al país en la desastrosa guerra de Irak, de la incapacidad de derrotar a Al Qaeda, de llevar al país de una situación fiscal sana a un déficit record, de presidir la caída dramática del dólar frente a las monedas del resto del mundo y la destrucción del sistema financiero de Estados Unidos, termina su gobierno fracasando en un intento de frenar lo que podría ser una profunda recesión mundial.
El plan de rescate consideraba que se pondrían US$700 mil millones a disposición del gobierno para comprar cartera de los bancos. Y la razón por la que muchos de los representantes en el congreso es que contribuyentes de sus distritos les mandaron mensajes diciendo que no les gustaba que el dinero que pagan en impuestos se usara para “rescatar a los banqueros de Wall Street, cuyos ejecutivos se pagan millonarios sueldos y bonos”. No iban a aceptar este intento de robarle al contribuyente su dinero para subsidiar a los incompetentes de Wall Street, no un mes antes de las elecciones en as que se juegan el puesto en el congreso.
Buena decisión, las pérdidas del mercado accionario para el día llegó a 777 puntos del Dow Jones, lo que equivale a una pérdida de US$1,2 billones, o un millón doscientos mil millones de dólares. Lo que los gringos llaman 1,2 trillones. Es decir, el mercado accionario perdió poco menos del doble de lo que hubiera costado el rescate en el peor de los casos. Valor que sale de los ahorros cuentas de retiro de muchísimos contribuyentes que no quieren financiar el rescate.
La democracia no se ve muy bonita en esta situación. No se diferencia mucho la política de un país grande poderoso como Estados Unidos de la de cualquier país despectivamente calificado de bananero. La demagogia el populismo son el pan de cada día en un país con un electorado ignorante, cuyo conocimiento de los temas sobre los que hay que decidir se reduce a frases cortas fáciles de entender a través de la televisión. Nada de substancia, muchos efectos especiales.
Con muchos canales transmitiendo política todo el día, y por otro la capacidad de hacer encuestas a cada minuto para sondear la opinión pública acerca de cualquier tema, la democracia de Estados Unidos se ha ido convirtiendo en una democracia directa, y la democracia representativa ya no funciona. Los representantes que el pueblo elige para que tomen las decisiones de manera informada, ya no pueden tomar decisiones sin volver a consultar al pueblo a cada minuto. Y esto es peor en períodos de elecciones, como este momento.
Son las 7:30 AM del 30 de septiembre, y los pocos políticos que quedan en Washington están todavía apuntando al partido contrario para culparlo del fracaso de ayer. Los demás, la abrumadora mayoría, se fue para la casa en sus distritos, por el receso para la fiesta judía de Rosh Hasanah, el año nuevo judío. No les pareció importante quedarse para tratar de resolver el problema. Y no es que la mayoría sean judíos.
El mundo observa atónito.
Esta mañana todo el mundo en Wall Street daba por hecho que se pasaría el plan de rescate para el sistema financiero de Estados Unidos. Podemos discutir largamente las razones por las que el mercado de crédito está paralizado en Estados Unidos, pero el hecho es que lo está, y que la economía está entrando en una espiral negativa como la que tuvimos en Chile el año 82 y que llevó a una reducción del ingreso de 14 % en ese año, con 30% de desempleo y multiplicidad de quiebras de empresas. El Secretario del Tesoro, Henry Paulson, negoció entre el viernes y el domingo con los líderes de los dos partidos, Demócrata y Republicano, para llegar a un acuerdo de texto para una ley que le permitiera al gobierno comprar préstamos de los bancos, para darles liquidez y certeza de valor a esos activos que han venido cayendo de valor cada día, consumiendo el capital de los bancos. Es lo que hizo caer a Bear Stearns hace unos meses, y a Lehman, Merrill Lynch, AIG y Washington Mutual la semana pasada.
Yo desperté esta mañana y oí el se anuncio que para evitar la quiebra de Wachovia, uno de los mayores bancos de Estados Unidos, sería absorbido por Citigroup con apoyo del FDIC, en una transacción negociada durante el fin de semana, y anunciada antes de las 8 de la mañana para que no hubiera corrida cuando abriera el lunes. También alcancé a ver a Bush anunciando que se llevaba el rescate financiero a ser aprobado por el congreso, dejando claro que la inacción no era una opción.
Pero algo olía mal esta mañana. Los mercados futuros de acciones apuntaban a la baja, y ya habían bajado los mercados en Asia y estaban bajando en Europa. En el camino a la oficina me tomé un break de 40 minutos para ir al kinesiólogo que me está ayudando con el dolor cervical. En la sala del centro de terapia física frente a Union Square era otro mundo. Nadie hablaba de bancos ni de rescates financieros. Los terapeutas hacían su trabajo en buena onda con sus pacientes en las camillas y máquinas del gimnasio, sin televisión que estuviera pasando los precios de las acciones ni comentaristas gritones opinando sobre todo y nada. Eso sería lo que los políticos llaman “Main Street”. La gente común y corriente de la calle. La conversación con Jon, mi terapeuta, gira alrededor de deportes, la bicicleta, el fútbol que juega en un equipo en una liga de Queens, de las ganas de que llegue el invierno para hacer snowboard. Que tal vez le gustaría conocer la Patagonia, porque sólo conoce Rio en Sudamérica.
Salí del oasis de la terapia y antes de entrar al Subway miré en mi iPhone cómo iba el Dow Jones a las 10 de la mañana. Ya iba más de 200 puntos abajo, lo que es una bajada fuerte, así que opté por apurarme en llegar a la oficina. Llegué allá y hablé con mis colegas, todos tranquilos, esperando que se aprobara el rescate en el congreso. El Dow seguía fluctuando entre 200 y 300 puntos abajo, mostrando la preocupación del mercado. Como a la 1 de la tarde, después de horas de estar mirando de reojo el televisor que tengo en la oficina puesto en el canal CNBC y viendo un anuncio de “votación inminente”, decidí subir a almorzar. En el comedor también hay televisor, una enorme pantalla plana al fondo de a sala, permanentemente en CNBC. Justo empezó la votación. En la pantalla apareció un cuadro que mostraba el avance de la votación, detallando cuantos demócratas y cuantos republicanos iban votando a favor o en contra.
Curiosamente desde que empecé a seguir la votación, la mayoría de los demócratas iban votando a favor la mayoría de los republicanos iban votando en contra.
Todos los que estábamos mirando pensamos en un comienzo que se iba a dar vuelta el resultado a medida que avanzara la votación. Total faltaban más de la mitad de los votos.
Avanzó la votación y la diferencia no disminuía, al revés, empeoraba y el voto republicano seguía en contra. Poco a poco se llegó a un punto en que resultó evidente que no pasaría la ley. Un recuadro del televisor mostraba el índice Dow Jones, que estaba bajando como un piano en caída libre. No había visto una cosa así en mi vida. Cayó en unos minutos hasta estar más de 600 puntos abajo para el día. Terminó la votación, con suficientes votos en contra para rechazar el proyecto de ley, y mantuvieron la votación abierta por si algunos quisieran cambiar su voto. Pero en unos minutos cerraron y dieron por rechazada la ley.
La cara de incredulidad de mis colegas era impresionante. Nadie podía creer lo que había pasado. Y no había nada que hacer sino observar las consecuencias. Comenzaron las patéticas explicaciones de los políticos. “Que los republicanos se ofendieron porque la líder de los demócratas y presidente de la cámara hizo un discurso partidista antes de comenzar de la votación, y por eso no pudieron votar a favor”. Les pedían votar a favor de una ley que propuso el gobierno de Bush, republicano. Para resolver un problema serio de su país, según el mismo presidente había dicho en su discurso esa mañana. Patética explicación. Mientras tanto el petróleo caía violentamente, y el cobre se había ido por debajo de 3 dólares por primera vez en mucho tiempo. La caída de los precios de las materias primas señalaban que el mercado veía una recesión mundial, no sólo un problema en Estados Unidos. Y por la vía de esos precios de materias primas la recesion va a golpear a América del Sur.
Bush ya no tiene peso político. No lo apoya ni su propio partido, ya no lo consideran un “lame duck” sino que un “dead duck”. El resultado de esta votación fue una más de los grandes desastres que ha causado el gobierno republicano, el broche de oro al término del gobierno de Bush. Después de meter al país en la desastrosa guerra de Irak, de la incapacidad de derrotar a Al Qaeda, de llevar al país de una situación fiscal sana a un déficit record, de presidir la caída dramática del dólar frente a las monedas del resto del mundo y la destrucción del sistema financiero de Estados Unidos, termina su gobierno fracasando en un intento de frenar lo que podría ser una profunda recesión mundial.
El plan de rescate consideraba que se pondrían US$700 mil millones a disposición del gobierno para comprar cartera de los bancos. Y la razón por la que muchos de los representantes en el congreso es que contribuyentes de sus distritos les mandaron mensajes diciendo que no les gustaba que el dinero que pagan en impuestos se usara para “rescatar a los banqueros de Wall Street, cuyos ejecutivos se pagan millonarios sueldos y bonos”. No iban a aceptar este intento de robarle al contribuyente su dinero para subsidiar a los incompetentes de Wall Street, no un mes antes de las elecciones en as que se juegan el puesto en el congreso.
Buena decisión, las pérdidas del mercado accionario para el día llegó a 777 puntos del Dow Jones, lo que equivale a una pérdida de US$1,2 billones, o un millón doscientos mil millones de dólares. Lo que los gringos llaman 1,2 trillones. Es decir, el mercado accionario perdió poco menos del doble de lo que hubiera costado el rescate en el peor de los casos. Valor que sale de los ahorros cuentas de retiro de muchísimos contribuyentes que no quieren financiar el rescate.
La democracia no se ve muy bonita en esta situación. No se diferencia mucho la política de un país grande poderoso como Estados Unidos de la de cualquier país despectivamente calificado de bananero. La demagogia el populismo son el pan de cada día en un país con un electorado ignorante, cuyo conocimiento de los temas sobre los que hay que decidir se reduce a frases cortas fáciles de entender a través de la televisión. Nada de substancia, muchos efectos especiales.
Con muchos canales transmitiendo política todo el día, y por otro la capacidad de hacer encuestas a cada minuto para sondear la opinión pública acerca de cualquier tema, la democracia de Estados Unidos se ha ido convirtiendo en una democracia directa, y la democracia representativa ya no funciona. Los representantes que el pueblo elige para que tomen las decisiones de manera informada, ya no pueden tomar decisiones sin volver a consultar al pueblo a cada minuto. Y esto es peor en períodos de elecciones, como este momento.
Son las 7:30 AM del 30 de septiembre, y los pocos políticos que quedan en Washington están todavía apuntando al partido contrario para culparlo del fracaso de ayer. Los demás, la abrumadora mayoría, se fue para la casa en sus distritos, por el receso para la fiesta judía de Rosh Hasanah, el año nuevo judío. No les pareció importante quedarse para tratar de resolver el problema. Y no es que la mayoría sean judíos.
El mundo observa atónito.
Monday, September 29, 2008
Circo Americano para todos
El jueves 24 de septiembre habían pasado seis días del anuncio de Henry Paulson de que iba a armar un paquete de salvataje para el sistema financiero y ya estba claro que los políticos de Estados Unios no son diferentes de los de cualquiera de nuestros países bananeros. ¿Cómo se le ocurrió a Paulson que iba a lograr pasar fácilmente por el congreso un rescate de US$700 mil millones 40 días antes de las elecciones?. La semana pasada lo presentó como que lo sacabatrabajando el fin de semana para tenerlo listo antes de que abrieran los mercados el lunes 21.
Primero vimos el interrogatorio de los diputados al Secretario del Tesoro y al presidente de la Federal Reserve. Preguntas “inconvenientes”, como por qué no le dan acciones de los bancos al gobierno si va a poner la plata para salvar las instituciones. O por qué le van a seguir pagado decenas y centenas de millones de dólares anuales a los máximos ejecutivos de los bancos si han hecho tan mal su trabajo que ahora hay que rescatar el sistema con la plata de los contribuyentes. Preguntas que van al centro del asunto y que tienen toda la razón. Pero por otro lado salieron muchos a preguntar leseras que sólo dejaron en evidencia ignorancia acerca de como funciona el sistema financiero e incapacidad de entender lo que está pasando.
Hasta ahí todo bien, al final en el proceso democrático hay que dar el tiempo necesario para debatir los temas y poder salir con medidas que reflejen el aporte de todos las visiones políticas, que sea más equilibrado.
Si lo dejaran sólo, sin contrapesos, hay muchos que piensan que Paulson le habría pasado la plata de una vez a los bancos, con pocas condiciones, ya que por su trayectoria lo más probable es que tenga un sesgo muy fuerte a favor de los gerentes de los bancos. Me reí mucho leyendo este artículo de Michael Harris acerca de lo grave que sería para Estados Unidos que se afecte el pool de bonos de fin de año de los banqueros de Goldman.
Está bien que haya contrapesos aunque demoren el proceso de rescate.
Eso sería “politics as usual”, pero ahora, aparece el chapulín colorado John McCain en escena, quién regresa a Washington apresuradamente, suspendiendo la campaña para “asumir una posición de liderazgo” en el proceso de negociación del acuerdo para hacer el rescate. Curioso, viniendo de un señor que hace un par de semanas aseguraba que la economía americana estaba “fundamentalmente sana”.
Resultado, a la 1 PM del jueves había un acuerdo, pero llegó McCain a Washington y con su presencia se envalentonaron unos cuantos representantes republicanos conservadores que se oponen a la solución porque fomenta el “socialismo” y la intervención del estado cuando lo que hay que hacer es “incentivar” a que los mercados funcionen. O sea bajarle los impuestos a las corporaciones que compren cartera de los bancos. Intelectualmente puede tener algún atractivo, pero la realidad es que deja que el problema lo resuelvan los mismos que se metieron en el lío. Y les está pasando plata de los contribuyentes igual, al permitirles no pagar impuestos que de otra manera les tocaría pagar. Al final, se descarriló el acuerdo gracias al “liderazgo” de este señor.
Mientras tanto Washington Mutual, la mayor caja de ahorro de los Estados Unidos se iba a la ruina y los restos terminaban en manos de JP Morgan. Warren Buffett invertía US$5 mil millones en Goldman Sachs, en unas condiciones increíblemente favorables. Wachovia salía a buscar alguien que los compre, “sin apuro”, al menos por ahora. Y aparece Citigroup estabilizado de vuelta como comprador, posiblemente de Wachovia.
El viernes los candidatos presidenciales finalmente tuvieron su debate. A pesar de que McCain hizo mucho ruido e no ir, como lo puso Gail Collins, columnista del NY Times, la posición de McCain evolucionó así:
-¡Cancelemos el debate!
-Bueno, Tal vez debiéramos cancelar el debate.
-¡No habrá debate a menos que el congreso haya pasado una ley de rescate financiero!
-No habrá debate a menos que el congreso tenga un plan para pasar una ley de rescate financiero.
-Ah, ¡que diablos!
Ese es el señor que está listo para asumir como presidente y enfrentar cualquier crisis en el primer día de gobierno.
Lo que me lleva a preguntarme por la señora Sarah Palin, su compañera de lista como candidata a vicepresidenta por el partido republicano. Siempre es importante quién es el vicepresidente de Estados Unidos, ya que si el presidente muere, es destituido o renuncia, le toca asumir la presidencia inmediatamente. Esta señora, que tiene una trayectoria de alcaldesa de un pueblo de menos de 10.000 personas en Alaska, donde una de sus primeras acciones fue censurar los libros de la biblioteca pública para que se atuviera a sus principios “cristianos”. Actualmente es la gobernadora del estado de Alaska, un enorme pedazo de tierra que tiene poco mas de 600.000 habitantes. Sarah sacó su primer pasaporte el año pasado, nunca parece haber tenido curiosidad por conocer el mundo, aunque ella se defiende diciendo que a ella no la mandaron sus padres a viajar por Europa con una mochila sino que tuvo que trabajar. Sea como sea, tiene la capacidad de agitar multitudes conservadoras con sus discursos, pero cuando la entrevistan y tiene que hablar en serio, parece un niñita de colegio haciéndose la chistosa, y muestra una ignorancia enorme sobre política y relaciones internacionales.
Hoy día Sarah es el objeto de un número infinito de chistes, y me maté de la risa viendo a Tina Fey imitándola en Saturday Night Live.
Primero vimos el interrogatorio de los diputados al Secretario del Tesoro y al presidente de la Federal Reserve. Preguntas “inconvenientes”, como por qué no le dan acciones de los bancos al gobierno si va a poner la plata para salvar las instituciones. O por qué le van a seguir pagado decenas y centenas de millones de dólares anuales a los máximos ejecutivos de los bancos si han hecho tan mal su trabajo que ahora hay que rescatar el sistema con la plata de los contribuyentes. Preguntas que van al centro del asunto y que tienen toda la razón. Pero por otro lado salieron muchos a preguntar leseras que sólo dejaron en evidencia ignorancia acerca de como funciona el sistema financiero e incapacidad de entender lo que está pasando.
Hasta ahí todo bien, al final en el proceso democrático hay que dar el tiempo necesario para debatir los temas y poder salir con medidas que reflejen el aporte de todos las visiones políticas, que sea más equilibrado.
Si lo dejaran sólo, sin contrapesos, hay muchos que piensan que Paulson le habría pasado la plata de una vez a los bancos, con pocas condiciones, ya que por su trayectoria lo más probable es que tenga un sesgo muy fuerte a favor de los gerentes de los bancos. Me reí mucho leyendo este artículo de Michael Harris acerca de lo grave que sería para Estados Unidos que se afecte el pool de bonos de fin de año de los banqueros de Goldman.
Está bien que haya contrapesos aunque demoren el proceso de rescate.
Eso sería “politics as usual”, pero ahora, aparece el chapulín colorado John McCain en escena, quién regresa a Washington apresuradamente, suspendiendo la campaña para “asumir una posición de liderazgo” en el proceso de negociación del acuerdo para hacer el rescate. Curioso, viniendo de un señor que hace un par de semanas aseguraba que la economía americana estaba “fundamentalmente sana”.
Resultado, a la 1 PM del jueves había un acuerdo, pero llegó McCain a Washington y con su presencia se envalentonaron unos cuantos representantes republicanos conservadores que se oponen a la solución porque fomenta el “socialismo” y la intervención del estado cuando lo que hay que hacer es “incentivar” a que los mercados funcionen. O sea bajarle los impuestos a las corporaciones que compren cartera de los bancos. Intelectualmente puede tener algún atractivo, pero la realidad es que deja que el problema lo resuelvan los mismos que se metieron en el lío. Y les está pasando plata de los contribuyentes igual, al permitirles no pagar impuestos que de otra manera les tocaría pagar. Al final, se descarriló el acuerdo gracias al “liderazgo” de este señor.
Mientras tanto Washington Mutual, la mayor caja de ahorro de los Estados Unidos se iba a la ruina y los restos terminaban en manos de JP Morgan. Warren Buffett invertía US$5 mil millones en Goldman Sachs, en unas condiciones increíblemente favorables. Wachovia salía a buscar alguien que los compre, “sin apuro”, al menos por ahora. Y aparece Citigroup estabilizado de vuelta como comprador, posiblemente de Wachovia.
El viernes los candidatos presidenciales finalmente tuvieron su debate. A pesar de que McCain hizo mucho ruido e no ir, como lo puso Gail Collins, columnista del NY Times, la posición de McCain evolucionó así:
-¡Cancelemos el debate!
-Bueno, Tal vez debiéramos cancelar el debate.
-¡No habrá debate a menos que el congreso haya pasado una ley de rescate financiero!
-No habrá debate a menos que el congreso tenga un plan para pasar una ley de rescate financiero.
-Ah, ¡que diablos!
Ese es el señor que está listo para asumir como presidente y enfrentar cualquier crisis en el primer día de gobierno.
Lo que me lleva a preguntarme por la señora Sarah Palin, su compañera de lista como candidata a vicepresidenta por el partido republicano. Siempre es importante quién es el vicepresidente de Estados Unidos, ya que si el presidente muere, es destituido o renuncia, le toca asumir la presidencia inmediatamente. Esta señora, que tiene una trayectoria de alcaldesa de un pueblo de menos de 10.000 personas en Alaska, donde una de sus primeras acciones fue censurar los libros de la biblioteca pública para que se atuviera a sus principios “cristianos”. Actualmente es la gobernadora del estado de Alaska, un enorme pedazo de tierra que tiene poco mas de 600.000 habitantes. Sarah sacó su primer pasaporte el año pasado, nunca parece haber tenido curiosidad por conocer el mundo, aunque ella se defiende diciendo que a ella no la mandaron sus padres a viajar por Europa con una mochila sino que tuvo que trabajar. Sea como sea, tiene la capacidad de agitar multitudes conservadoras con sus discursos, pero cuando la entrevistan y tiene que hablar en serio, parece un niñita de colegio haciéndose la chistosa, y muestra una ignorancia enorme sobre política y relaciones internacionales.
Hoy día Sarah es el objeto de un número infinito de chistes, y me maté de la risa viendo a Tina Fey imitándola en Saturday Night Live.
Sunday, September 21, 2008
Banana Country
Con ya varios años como chileno viviendo en Nueva York, decidí comenzar este blog para dejar mi visión de estos tiempos que creo van a ser vistos en la historia como años de enorme cambio. Cambio en los centros de poder, en los pesos relativos de los países, de los pueblos y de las industrias. Cambio en las maneras de relacionarse entre las personas y en lo que se percibe como importante. ¿No nos hemos dado cuenta?, ¿o tal vez si y sólo soy yo el que está abismado por lo que pasa? Espero que esto resulte ser interactivo y alguien lea y opine sobre lo que aquí escribo, lo que ya es una expectativa poco realista considerando los millones de blogs que hay por ahí.
No pretendo que este sea el blog que resuelva los problemas del mundo, sino que sólo de una visión acompañada de una opinión, que puede ser a veces sobre las tribulaciones más pedestres de la vida diaria hasta las preocupaciones de los líderes mundiales.
Hoy no puedo hacerle el quite a lo que está pasando en los mercados financieros del mundo, aunque todo el mundo en Chile esté desconectado bailando cueca y comiendo asados. Iba a decir que toda esta semana fue una montaña rusa para los inversionistas, pero a verdad es que fue más parecido a un huracán. La montaña rusa es algo que sube y baja violentamente, pero aquí las cosas iban a la baja a toda velocidad y arrastrando por el camino a los negocios financieros que no estuvieran lo suficientemente firmes. Y con el huracán que tuvimos, el día jueves parecía que nada estaba lo suficientemente firme, hasta tambalearon los venerables Morgan Stanley y Goldman Sachs, que vieron como sus acciones caían en picada a la mitad o menos de los que valían la semana anterior. Ya se hablaba de que Morgan Stanley tendría que buscar un banco comercial que lo apoyara y que Goldman podría tener que hacer algo similar si las cosas seguían en la espiral negativa. Estas son las instituciones mas venerables y respetadas entre los bancos de inversión de Wall Street, donde los recién graduados universitarios son capaces de matar para conseguir un trabajo sirviendo de pisapapeles a un banquero que sea “Big swinging dick”.
Hacía apenas una semana que el gobierno norteamericano había rescatado a las instituciones que compran créditos hipotecarios, Fannie Mae y Freddie Mac, cosa que fue bien recibida por el mercado como una indicación de que el gobierno no dejaría que las cosas pasaran a mayores sin intervenir. Las acciones financieras subieron y los inversionistas pensaron que de repente la crisis había tocado fondo, pero sorpresivamente se dieron cuenta que si el gobierno estaba interviniendo era porque la situación de los créditos hipotecarios era un desastre mayor y tenía que estar golpeando fuerte a muchas instituciones financieras. Comenzó la desconfianza y los bancos de inversión que tienen miles de millones de dólares de estos créditos hipotecarios empaquetados en sus balances comenzaron a sentir la desconfianza del mercado y vieron sus acciones cayendo en picada. Lo mismo le pasó a AIG, la mayor compañía de seguros de Estados Unidos y que opera en todo el mundo. El martes Merrill Lynch se entregó a Bank of America a mitad del valor que tenía no hace mucho, y Lehman Brothers, después de tratar de encontrar algún comprador se declaró en quiebra. Nadie lo había querido comprar si no recibía un subsidio del gobierno de Estados Unidos, y el secretario Paulson no quiso dárselo.
Muy en la de que el mercado discipline a las empresas privadas que se meten en problemas, posición ideológica que no se demoró mucho en hacer agua por todos lados.
No había terminado el día cuando enfrentado a ver quebrar AIG, el gobierno se dio cuenta que la crisis podía llegar a tener consecuencias enormes, si AIG no cumplía con sus obligaciones de seguros y pensiones, y además salía a liquidar la enorme cantidad de activos que tiene en el balance para pagar sus deudas. Y el gobierno tuvo que ceder, porque el Federal Reserve salió a prestarle 85 mil millones de dólares a la compañía de seguro, y de paso la estatizó, quedándose el gobierno federal con el 80 % de la propiedad de la empresa.
Me vino a la memoria el año 82 en Chile, cuando el gobierno intervino los bancos cuando los grandes grupos Vial y Cruzat entraron en cesación de pagos, y junto con ellos todo el sistema financiero quedó en crisis. El gobierno, que ideológicamente era contrario a la intervención y que los problemas privados se debían solucionar en el mercado, tuvo que reconocer que había que intervenir y darle estabilidad al sistema financiero o la catástrofe que venía iba a ser peor de lo imaginable. Al quebrar los bancos iban a dejar de pagar a sus depositantes y estos a su vez iban a dejar de pagar sus obligaciones porque su dinero se habría perdido, y así sucesivamente hasta que prácticamente desaparecieran los medios de pago y la economía volviera a la edad de piedra, funcionando en base a trueque. Con espanto los economistas de Chicago tuvieron que salir a dar garantía estatal a los préstamos que los bancos habían tomado de bancos extranjeros, y a los depósitos. Y para resolver el problema de fondo, que era la mala cartera de préstamos que tenían los bancos producto de la orgía de crédito fácil de comienzos de los 80, el Banco Central salió a comprar la cartera mala de los bancos comerciales. Con eso los bancos recuperaban la solvencia, y se acababa la incertidumbre acerca de cuanto de esos créditos iban efectivamente a recuperar.
Volvamos al 2008. El miércoles me encontré con alguien en el ascensor de la oficina que me habló de lo terrible que era lo que estaba pasando en los mercados. Le dije que era hora que alguien tomara la decisión de comprar las carteras de los bancos porque la cosa ya no daba para mas. Me miró con esa sonrisa condescendiente que los gringos reservan para los extranjeros que no entienden nada, esa que implica que uno es una especie de retardado mental y que en adelante le empiezan a hablar a uno mas fuerte y con palabras sencillas para que pueda entender. Me dijo que claro, es que el problema es que no hay compradores para la cartera, y se bajó del ascensor. Yo no pude explicarle que antes que Estados Unidos se fuera deslizando hacia la posición financiera de un país latinoamericano de los años 80 me había tocado vivir una situación parecida en Chile, cuando no éramos ejemplo de manejo macroeconómico sino que estábamos en la categoría de país bananero. Y que Estados Unidos podría dar una miradita a la experiencia de otros para encontrar soluciones. Lo que hubiera provocado la madre de todas las sonrisas condescendientes.
El jueves a comienzos de la tarde el índice Dow Jones había caído más de 8 % para la semana, una pérdida enorme. Pero no era eso lo que tenía a todo el mundo en pánico. Las acciones de Goldman Sachs habían caído mas de 40 % y las de Morgan Stanley 65 % en la semana. El mercado estaba previendo que esos bancos de inversión, los más grandes de Estados Unidos, o para ser más claro, los únicos dos grandes que iban quedando después de la caída de Bear Stearns, Lehman Brothers y Merrill Lynch, serían los próximos en caer.
En una reacción curiosa, le echaron la culpa al mensajero, y el gobierno salió a investigar a los vendedores cortos de las acciones de los bancos de inversión. Como si los vendedores tuvieran la culpa de la pérdida de confianza en el sistema. Y ya había varios personajes notables como Paul Volcker y James Brady que pedían que el gobierno montara una agencia para comprar las carteras malas de los bancos. Empezaaron a aparecer en televisón caras serias de políticos, incluyendo a doña Nancy Pelosi, la presidenta de la cámara de representantes, demócrata opositora al gobierno de Bush. Con cara de pánico y demostrando ánimo de cooperar con el despreciado gobierno de Bush para tratar de parar la vorágine que se estaba tragando a todo el sistema financiero.
El viernes en la mañana el secretario del tesoro Henry Paulson anunció que estaban de acuerdo en trabajar durante el fin de semana para buscar una solución que pasaría por el congreso para ir a la raíz del problema, es decir, a sacarle la cartera mala a los bancos. Y de paso dijo que la regulación financiera de Estados Unidos dejaba mucho que desear, pero que eso era harina de otro costal, ya que or el momento se tenían que enfocar en el rescate del sistema.
Se me vino a la cara una sonrisa condescendiente y mentalmente me vi explicándole en una pizarra al gringo del ascensor lo que estaba diciendo su secretario del tesoro republicano.
Ahora vamos a ver de verdad si prima el bien común o el bien de los menos comunes en la solución que diseñen y negocien con los políticos durante el fin de semana. El viernes el Dow Jones volvió dónde estaba a comienzos de la semana. Y los precios de las acciones del sector financiero se recuperaron con ganas. Vendí la mitad de las mías. Después de ese anuncio no se si lo que sigue son buenas noticias. Falta mucha carpintería, y lo único que me quedo claro es que las noticias que vengan van a revolver más las cosas. Creo que hay muchas formas de comprarle la cartera a los bancos, y como se haga eso va a determinar quién paga la cuenta y a quién se va a beneficiar en lo inmediato. No se por qué tengo la impresión de que la pelotera va a ser grande.
Termina el fin de semana y no hay claridad en lo que va a pasar cuando abran los mercados el lunes, pero ya no existen los investmets banks Goldman Sachs y Morgan Stanley. Para permitirles sobrevivir, el Federal Reserve acaba de aunciar que de ahora en adelante estas dos instituciones pasan a ser bancos comerciales, es decir, "bank holding companies", lo que les da acceso a pedir le plata al Federal Reserve cuando se ven apretados de liquidez.
Curioso anuncio para un domingo en la noche. Pero todavía no hay una solución global diseñada para resolver el problema, y a algunos los puso nervioso el hecho que estos bancos de inversión enfrentaran la “disciplina de mercado” el lunes en la mañana. Me imagino que el hecho de que el secretario Paulson haya sido el chairman de Goldman Sachs antes de ponerse a las órdenes de Bush en el Departamento del Tesoro no tuvo nada que ver con la decisión. Muchos quisieran que hubiera sido el chairman de Lehman Brothers y no el de Goldman, especialmente un amigo mío al que le pagaron muchos sueldos con acciones de Lehman.
No pretendo que este sea el blog que resuelva los problemas del mundo, sino que sólo de una visión acompañada de una opinión, que puede ser a veces sobre las tribulaciones más pedestres de la vida diaria hasta las preocupaciones de los líderes mundiales.
Hoy no puedo hacerle el quite a lo que está pasando en los mercados financieros del mundo, aunque todo el mundo en Chile esté desconectado bailando cueca y comiendo asados. Iba a decir que toda esta semana fue una montaña rusa para los inversionistas, pero a verdad es que fue más parecido a un huracán. La montaña rusa es algo que sube y baja violentamente, pero aquí las cosas iban a la baja a toda velocidad y arrastrando por el camino a los negocios financieros que no estuvieran lo suficientemente firmes. Y con el huracán que tuvimos, el día jueves parecía que nada estaba lo suficientemente firme, hasta tambalearon los venerables Morgan Stanley y Goldman Sachs, que vieron como sus acciones caían en picada a la mitad o menos de los que valían la semana anterior. Ya se hablaba de que Morgan Stanley tendría que buscar un banco comercial que lo apoyara y que Goldman podría tener que hacer algo similar si las cosas seguían en la espiral negativa. Estas son las instituciones mas venerables y respetadas entre los bancos de inversión de Wall Street, donde los recién graduados universitarios son capaces de matar para conseguir un trabajo sirviendo de pisapapeles a un banquero que sea “Big swinging dick”.
Hacía apenas una semana que el gobierno norteamericano había rescatado a las instituciones que compran créditos hipotecarios, Fannie Mae y Freddie Mac, cosa que fue bien recibida por el mercado como una indicación de que el gobierno no dejaría que las cosas pasaran a mayores sin intervenir. Las acciones financieras subieron y los inversionistas pensaron que de repente la crisis había tocado fondo, pero sorpresivamente se dieron cuenta que si el gobierno estaba interviniendo era porque la situación de los créditos hipotecarios era un desastre mayor y tenía que estar golpeando fuerte a muchas instituciones financieras. Comenzó la desconfianza y los bancos de inversión que tienen miles de millones de dólares de estos créditos hipotecarios empaquetados en sus balances comenzaron a sentir la desconfianza del mercado y vieron sus acciones cayendo en picada. Lo mismo le pasó a AIG, la mayor compañía de seguros de Estados Unidos y que opera en todo el mundo. El martes Merrill Lynch se entregó a Bank of America a mitad del valor que tenía no hace mucho, y Lehman Brothers, después de tratar de encontrar algún comprador se declaró en quiebra. Nadie lo había querido comprar si no recibía un subsidio del gobierno de Estados Unidos, y el secretario Paulson no quiso dárselo.
Muy en la de que el mercado discipline a las empresas privadas que se meten en problemas, posición ideológica que no se demoró mucho en hacer agua por todos lados.
No había terminado el día cuando enfrentado a ver quebrar AIG, el gobierno se dio cuenta que la crisis podía llegar a tener consecuencias enormes, si AIG no cumplía con sus obligaciones de seguros y pensiones, y además salía a liquidar la enorme cantidad de activos que tiene en el balance para pagar sus deudas. Y el gobierno tuvo que ceder, porque el Federal Reserve salió a prestarle 85 mil millones de dólares a la compañía de seguro, y de paso la estatizó, quedándose el gobierno federal con el 80 % de la propiedad de la empresa.
Me vino a la memoria el año 82 en Chile, cuando el gobierno intervino los bancos cuando los grandes grupos Vial y Cruzat entraron en cesación de pagos, y junto con ellos todo el sistema financiero quedó en crisis. El gobierno, que ideológicamente era contrario a la intervención y que los problemas privados se debían solucionar en el mercado, tuvo que reconocer que había que intervenir y darle estabilidad al sistema financiero o la catástrofe que venía iba a ser peor de lo imaginable. Al quebrar los bancos iban a dejar de pagar a sus depositantes y estos a su vez iban a dejar de pagar sus obligaciones porque su dinero se habría perdido, y así sucesivamente hasta que prácticamente desaparecieran los medios de pago y la economía volviera a la edad de piedra, funcionando en base a trueque. Con espanto los economistas de Chicago tuvieron que salir a dar garantía estatal a los préstamos que los bancos habían tomado de bancos extranjeros, y a los depósitos. Y para resolver el problema de fondo, que era la mala cartera de préstamos que tenían los bancos producto de la orgía de crédito fácil de comienzos de los 80, el Banco Central salió a comprar la cartera mala de los bancos comerciales. Con eso los bancos recuperaban la solvencia, y se acababa la incertidumbre acerca de cuanto de esos créditos iban efectivamente a recuperar.
Volvamos al 2008. El miércoles me encontré con alguien en el ascensor de la oficina que me habló de lo terrible que era lo que estaba pasando en los mercados. Le dije que era hora que alguien tomara la decisión de comprar las carteras de los bancos porque la cosa ya no daba para mas. Me miró con esa sonrisa condescendiente que los gringos reservan para los extranjeros que no entienden nada, esa que implica que uno es una especie de retardado mental y que en adelante le empiezan a hablar a uno mas fuerte y con palabras sencillas para que pueda entender. Me dijo que claro, es que el problema es que no hay compradores para la cartera, y se bajó del ascensor. Yo no pude explicarle que antes que Estados Unidos se fuera deslizando hacia la posición financiera de un país latinoamericano de los años 80 me había tocado vivir una situación parecida en Chile, cuando no éramos ejemplo de manejo macroeconómico sino que estábamos en la categoría de país bananero. Y que Estados Unidos podría dar una miradita a la experiencia de otros para encontrar soluciones. Lo que hubiera provocado la madre de todas las sonrisas condescendientes.
El jueves a comienzos de la tarde el índice Dow Jones había caído más de 8 % para la semana, una pérdida enorme. Pero no era eso lo que tenía a todo el mundo en pánico. Las acciones de Goldman Sachs habían caído mas de 40 % y las de Morgan Stanley 65 % en la semana. El mercado estaba previendo que esos bancos de inversión, los más grandes de Estados Unidos, o para ser más claro, los únicos dos grandes que iban quedando después de la caída de Bear Stearns, Lehman Brothers y Merrill Lynch, serían los próximos en caer.
En una reacción curiosa, le echaron la culpa al mensajero, y el gobierno salió a investigar a los vendedores cortos de las acciones de los bancos de inversión. Como si los vendedores tuvieran la culpa de la pérdida de confianza en el sistema. Y ya había varios personajes notables como Paul Volcker y James Brady que pedían que el gobierno montara una agencia para comprar las carteras malas de los bancos. Empezaaron a aparecer en televisón caras serias de políticos, incluyendo a doña Nancy Pelosi, la presidenta de la cámara de representantes, demócrata opositora al gobierno de Bush. Con cara de pánico y demostrando ánimo de cooperar con el despreciado gobierno de Bush para tratar de parar la vorágine que se estaba tragando a todo el sistema financiero.
El viernes en la mañana el secretario del tesoro Henry Paulson anunció que estaban de acuerdo en trabajar durante el fin de semana para buscar una solución que pasaría por el congreso para ir a la raíz del problema, es decir, a sacarle la cartera mala a los bancos. Y de paso dijo que la regulación financiera de Estados Unidos dejaba mucho que desear, pero que eso era harina de otro costal, ya que or el momento se tenían que enfocar en el rescate del sistema.
Se me vino a la cara una sonrisa condescendiente y mentalmente me vi explicándole en una pizarra al gringo del ascensor lo que estaba diciendo su secretario del tesoro republicano.
Ahora vamos a ver de verdad si prima el bien común o el bien de los menos comunes en la solución que diseñen y negocien con los políticos durante el fin de semana. El viernes el Dow Jones volvió dónde estaba a comienzos de la semana. Y los precios de las acciones del sector financiero se recuperaron con ganas. Vendí la mitad de las mías. Después de ese anuncio no se si lo que sigue son buenas noticias. Falta mucha carpintería, y lo único que me quedo claro es que las noticias que vengan van a revolver más las cosas. Creo que hay muchas formas de comprarle la cartera a los bancos, y como se haga eso va a determinar quién paga la cuenta y a quién se va a beneficiar en lo inmediato. No se por qué tengo la impresión de que la pelotera va a ser grande.
Termina el fin de semana y no hay claridad en lo que va a pasar cuando abran los mercados el lunes, pero ya no existen los investmets banks Goldman Sachs y Morgan Stanley. Para permitirles sobrevivir, el Federal Reserve acaba de aunciar que de ahora en adelante estas dos instituciones pasan a ser bancos comerciales, es decir, "bank holding companies", lo que les da acceso a pedir le plata al Federal Reserve cuando se ven apretados de liquidez.
Curioso anuncio para un domingo en la noche. Pero todavía no hay una solución global diseñada para resolver el problema, y a algunos los puso nervioso el hecho que estos bancos de inversión enfrentaran la “disciplina de mercado” el lunes en la mañana. Me imagino que el hecho de que el secretario Paulson haya sido el chairman de Goldman Sachs antes de ponerse a las órdenes de Bush en el Departamento del Tesoro no tuvo nada que ver con la decisión. Muchos quisieran que hubiera sido el chairman de Lehman Brothers y no el de Goldman, especialmente un amigo mío al que le pagaron muchos sueldos con acciones de Lehman.
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