El patético espectáculo de la política norteamericana en las últimas semanas me hace pensar en el fin de la democracia representativa. Esa democracia a la que se refieren cuando dicen que la democracia es el menos malo de los sistemas de gobierno.
La democracia en la que los ciudadanos eligen representantes para que tomen las decisiones de gobierno, en lo posible gente relativamente más preparada y que a la hora de tomar las decisiones lo hará buscando lo mejor para sus representados y para el país como un todo, y por supuesto bien informado de los temas sobre los que decidirá.
A veces el representante no decidirá igual como su representado, porque el representante tendrá mejor información y mayor capacidad de análisis al contar con un equipo técnico que le ayuda en eso. A veces tomará decisiones que en el corto plazo serán mal vistas por el electorado, pero que son necesarias por el bien del país en el mediano o largo plazo. El representante debería ser capaz también de pensar en los efectos que tendrán sus decisiones sobre generaciones futuras, tal como lo hace el electorado con su familia.
La capacidad de tomar decisiones teniendo el bien común como objetivo, aún cuando la decisión sea impopular en el corto plazo es lo que identifica a un estadista. Y el tomar decisiones que en definitiva son contrarias al bien común sólo porque son populares frente a los votantes en el momento de la decisión.
Obviamente lo que aquí está implícito es que los votantes no necesariamente saben elegir lo que es correcto, pero que alguien preparado e informado sí sabe, lo que se puede ver como una posición algo arrogante y elitista. Va contra la visión corriente que dice que el electorado es sabio.
Pero todos hemos visto alguna vez lo cambiante que es la opinión pública, y dejar las decisiones de estado a la veleidosa opinión de las masas puede ser peligroso. La gente común no tiene ni la posibilidad ni muchas veces la capacidad para informarse adecuadamente sobre los temas a decidir. Pero la televisión de noticias permanentes, desde CNN, CNBC, Fox News en Estados Unidos hasta versiones criollas en América Latina y sus equivalentes en Europa, Asia y el Medio Oriente, bombardean al ciudadano común y corriente con una extrema reducción de temas complejos a “sound bites”, frases cortas comprensibles para el televidente que no tiene una capacidad de atención para el tema más allá de unos pocos segundos. “Debemos proteger el dinero del contribuyente, ¡no al salvataje de los bancos!”. “Somos un país de leyes, hagamos cumplir la ley, fuera todos los inmigrantes ilegales”. “¿Quién es verdaderamente Barack Hussein Obama?”. “No se puede profitar con con la salud”. “Educadores con fines de lucro”. “Universidad para todos”. “El drama de los deudores hipotecarios”. Y así sucesivamente. Un bombardeo que a veces puede ir acompañado por mayores antecedentes en algunos programas de opinión o de investigación periodística, lo que causa que a los pocos minutos de análisis la capacidad de comprensión o el interés de la gran mayoría de los televidentes se ve superada y cambia de canal o apaga el televisor.
Y en ese momento entran en escena las empresas que se dedican a encuestar la opinión pública. Con sus propias frases cortas, preguntas relativamente simples, fáciles de entender para una persona común y corriente sobre simplifican nuevamente un tema complejo y salen a sacar una muestra de la opinión de la gente sobre un tema en particular. Que si está a favor de rescatar a los bancos con 750 mil millones de dólares de los contribuyentes. O si cree que se debe construir un muro para que no entren ilegales al país. Etc., etc.
La industria de encuestas es gigantesca. Se pregunta de todo, y se le presenta perfectamente tabulado y simplificado a los asesores de los políticos que la gente ha elegido para que la represente en el gobierno. Y los asesores le dan instrucciones a los representantes de cómo deben tomar sus decisiones para que se maximice su popularidad entre sus votantes. Las “bases” o los “constituyentes” como los llaman por ahí.
Es cierto que los representantes a veces toman decisiones impopulares, pero no es lo corriente, y generalmente ocurre cuando no hay elecciones a la vista, y faltan años para ponerse en modo de campaña electoral. Lo malo es que en los últimos tiempos las campañas empiezan cada vez más temprano. Bachelet apenas había sido elegida y ya había gente en pre-campaña para la siguiente elección presidencial. Y después vienen las elecciones municipales. Y el próximo año vienen en serio las presidenciales.
Lo peor es un gobierno, partido o coalición que tiene el poder y que ve que lo va a perder en alguna elección inminente. Y no me refiero a Chile. Me refiero a los republicanos del Estados Unidos de Bush.
Frente a la medida de rescatar al sector financiero en forma rápida y flexible, aprobando “gastar 750 mil millones de los contribuyentes para rescatar a los bancos que se metieron en problemas”, los representantes republicanos en el congreso dijeron que no. Votaron mayoritariamente en contra de la medida que el gobierno republicano estaba proponiendo. Ellos respondían al “clamor de los votantes” que habían sido encuestados y llamaban a los medios y a las oficinas de sus representantes a decirles que no iban a votar por quién apoyara tamaña injusticia para el hombre de la calle. A pesar de que los expertos en temas financieros, encabezados por el chairman Bernanke de la Reserva Federal y el secretario del tesoro Henry Paulson, estuvieron sentados días completos explicandole a los “representantes del pueblo” que si no se hacía el rescate se podía derrumbar el sistema financiero de Estados Unidos y eventualmente del mundo. Lo que traería una depresión profunda, con gran desempleo y pérdidas para todos. Una espiral negativa que se desataría por la restricción del crédito y la pérdida de confianza en las instituciones financieras. No faltó el que dijo que ese escenario de fin de mundo era una simple campaña del terror de los banqueros para hacerse del dinero de los contribuyentes.
La mayoría de los representantes republicanos y la minoría de los representantes demócratasen el congreso de Estados Unidos votaron en contra del paquete de rescate. No querían pagar el precio en las elecciones de noviembre próximo, porque los encuestadores ya habían hablado: el pueblo no quería que se usara el dinero de sus impuestos para rescatar a los banqueros que por lo demás son más ricos que la mayoría. Que se jodan y se las arreglen como puedan pero el dinero del contribuyente no se toca.
Sunday, October 19, 2008
La tecnología mató la democracia
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